Infinitos Monos

Consejos para escritores + Cómo escribir un libro

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Poe by @webjesusss

Para Poe, escribir no es una chispa que surge en la oscuridad, que te muestra fragmentos de lo que tienes que escribir. Escribir es un proceso de engranajes bien engrasados. Cada palabra es minuciosamente elegida y cumple una función. No se deja nada al azar. Y si Poe algo sabía de escribir, lo demuestra en sus relatos y cuentos. No han llegado hasta nuestros días por nada. Si tienes oportunidad, lee a Poe, aprenderás mucho.

Pero, vamos a ver cómo convertirnos en cuentistas a la altura del maestro.

Para lograr una escritura eficaz, necesitamos tener claros una serie de elementos:

1 Una vez comienzas el proceso de escritura, ya tienes que tener pensado el final de tu historia.

Crea una buena trama, completa, y sólo pasas a escribirla cuando ya conoces cada paso. Asegurándote, eso sí, de que cada palabra que escribes sirve a ese propósito.

2 La brevedad es importante.

Si el lector no puede leer la historia de una vez, del tirón, se pierde el efecto, la atmósfera de esa historia. Es indispensable en los relatos, no en las novelas, donde puede resultar imposible. Un relato es algo único que tiene que saborearse de un solo bocado.

3 Decide el efecto que quieres lograr en los lectores.

Hay que saber qué efecto queremos, qué sensación nos gustaría aflorar en el lector. ¿Miedo, pena, rabia, añoranza, esperanza…?

La manipulación del lector es el poder que el escritor tiene como autor. A través de palabras, el ritmo, el tono, la atmósfera, lo que dices, lo que insinúas, lo que callas…

Decidir lo que queremos que sienta el lector, nos proporciona un campo acotado que explorar y mostrar como mejor sirva a nuestro propósito.

4 Escoge el tono de la obra.

Tienes que ser consciente, todo el tiempo, del tono que deseas para tu obra. Utiliza elementos que refuercen ese tono y mantenlos durante toda la obra.

La forma en la que narramos, los elementos que componen el escenario en el que se desarrolla la historia, todo eso nos ayudará a mantener el tono en la narración.

5 Determina la temática y la caracterización.

Encuentra a la única persona/narrador, que puede contar tu historia. Analiza bien el hecho y encontrarás al narrador perfecto.

A veces es muy útil centrarse en un único personaje, sobre todo en una historia corta.

6 Cuando tengas todos los elementos anteriores, es el momento de establecer el clímax.

Esto sólo puedes conseguirlo si conoces bien tu historia, y como escritor, tu misión es lograr una línea de acción ascendente de tensión que lleva a un único punto.

7 Determina el entorno.

Todo lo que aparezca en tu relato, debe estar finamente calculado. Tienes que colocar los elementos de tu historia como si tuvieras un tablero de ajedrez.

El entorno debe colaborar con el mensaje y efecto que quieres conseguir. En su poema, El cuervo, la atmósfera opresiva de un entorno pequeño y cerrado, son muy necesarias para lograr el efecto buscado en el lector.

En El péndulo, que el protagonista no tenga a dónde escapar, aporta un elemento muy necesario para crear la atmósfera.

Poe hacía uso de la melancolía, especialmente en El cuervo. Utiliza elementos, como la repetición de frases o palabras a lo largo del texto, con gran carga evocadora. En este caso, la palabra en el idioma original tiene un sonido muy particular: nevermore. Una palabra, dos en la traducción: nunca más, que dice mucho sin tener que explicar nada. Qué hay más melancólico que el dejar algo atrás para siempre.

La habitación en la que tiene lugar la historia, es un espacio cerrado y pequeño, agobiante en determinado momento, aunque lleno de elementos conocidos para el protagonista, que exacerban la melancolía de sus recuerdos.

El cuervo, en el pico del cual pone la palabra nevermore, es un elemento más, que colabora al efecto melancólico que buscaba. En un principio, esa palabra estaba en el pico de un loro, pero, como puedes imaginar, el cuervo hace que la oscuridad que sobrevuela la historia sea más profunda que de haber sido un loro.

Y como curiosidad, por si te lo preguntas, sí, los cuervos pueden decir nevermore. No es hablar, como lo hacemos los humanos, pero pueden imitar el sonido de la voz humana, y pueden imitar una palabra.

Para Poe, también es necesario trabajar la originalidad, no ya inventando cosas nuevas, sino haciendo uso de elementos familiares y fórmulas clásicas, adaptándolas a tu estilo y mensaje que quieres dar. Todo lo que hagas tiene que contribuir a la consecución de la obra.

Tu voz consiste en hacer tuyo lo que hagas, aunque se haya utilizado mil veces.

Para Poe, estos pasos están más orientados a la poesía, pero son extrapolables a los relatos y las novelas. Y su visión sobre la belleza y la muerte puede cambiarse por temas que se adapten a ti y a tú obra.

Puedes usar estos mismos principios para escribir cualquier historia, de cualquier género, solo tienes que cambiar los elementos de terror por los del género que quieres escribir.

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También quería daros las gracias por este tiempo que llevo escribiendo Infinitos monos. Me daba pánico lanzarme a escribir un blog y finalmente me lancé y me he encontrado con una comunidad de amantes de la escritura maravillosa. Estoy encantada de poder daros ese empujoncito para que os lancéis a escribir y acompañaros en ese proceso tan mágico de crear historias.

Últimamente el blog ha crecido mucho y me he topado con algo que no esperaba: las aplicaciones que utilizaba para el blog, dejan de ser gratuitas cuando tienes muchos suscriptores. No me hace gracia poner publicidad en el blog, pero empiezo a pensármelo.

Si os gusta mi trabajo, os estaría eternamente agradecida, si de vez en cuando donarais un euro para poder mantener todo lo que hace que el blog funcione. Ni siquiera os pido que lo hagáis todos los meses, aunque un euro al mes no es nada. No podré comprarme relojes de oro, ni quiero, la verdad, pero sí mantener el blog a punto. Nunca me ha gustado pedir nada, pero, en este momento, es la única forma que tengo de seguir con el blog como está.

Podéis hacerlo a través de Ko-Fi, que es algo parecido a Patreon, pero me parecía más curioso por el concepto de “invitarme” a un café por mi trabajo.

También podéis hacerlo por Patreon.

Las acotaciones. Eso que todos los escritores creemos conocer y dominar. Yo he pasado años utilizándolas mal. Digamos que las colocaba donde me parecían que debían ir y de la forma que sospechaba debían escribirse. Estaba equivocada. Las usaba casi bien. ¿Por qué? Porque leo mucho y eso me ha ayudado a utilizar herramientas y conceptos que no conocía bien. Si quieres ser escritor, no te vale con suponer que algo se usa así: tienes que saber cómo hacerlo.

Vamos a ver qué son las acotaciones en literatura y cómo sacar el máximo partido de ellas.

Las acotaciones se utilizan para añadir indicaciones y exponer la situación en una escena. En el momento en que introducimos un diálogo, la historia cobra más vida que nunca. En el teatro (por supuesto, si lees el teatro, las ves, pero, si ves la representación, no), son la única parte que no conoce el espectador, mientras que, en novela, el lector las lee y le sirven para conocer partes de la historia que no conocería de otra forma.

En español, las acotaciones se representan mediante guiones. Todo diálogo comienza con un guion. Ese guion va siempre, pegado a la primera palabra. Podríamos decir que los guiones nos marcan dónde empieza la acotación y dónde termina, si la misma corta la frase.

Si tu diálogo se corta, para añadir la acotación, no hay que puntuarlo, la puntuación va después de la acotación:

—Me tienes que dar la carta —Juliana estiró la mano hacia Luis—. No quiero perderla.

Algo a tener en cuenta, a la hora de escribir acotaciones, es, que no siempre es necesario explicar demasiado:

—Dame ya la carta —dijo Juliana.

—Aquí la tienes —le dijo Juan entregándole la carta.

En el momento en que Juan le dice: “Aquí la tienes”, ya sabemos que lo hace entregándosela. No es necesario explicar un acto que se sobreentiende por lo que se indica en el diálogo.

Ten muy en cuenta estos detalles, porque hacerlo bien, agiliza un diálogo. Hacerlo mal es crear un pesado diálogo que el lector está leyendo sin enterarse de nada.

Otro detalle a tener en cuenta para escribir los diálogos de la forma correcta, son los verbos dicendi. ¿Qué son los verbos dicendi? Los verbos que indican habla.

Esos verbos, cuando se encuentras detrás del guion que inicia la acotación, van siempre en minúscula. Mientras que, si lo que tenemos justo detrás de ese guion, es un verbo que no entra en esa categoría, debe ir con mayúsculas. Por ejemplo:

—Yo no quiero saberlo —Rompió la carta en mil pedazos—. Prefiero recordar solo lo bueno.

—Si no lo quieres saber —dijo él—, no seré yo quien te lo diga.

A la hora de añadir acotaciones, como escritores, las deberíamos escribir de forma escueta. Si puedes decir lo que quieres con tres palabras, no uses doce. Otro detalle, el guion debe ser guion largo, no vale otro. Yo tengo un truco para añadir los guiones, una vez termino el proceso de escritura, que voy a compartir contigo, porque es una lata tener que utilizar el famoso código de teclado: Alt0151, que encima, solo funciona con el teclado numérico. Yo, cada vez que tengo que empezar un diálogo, pulso dos veces la tecla guion. De esta forma no se consigue el guion largo, pero, cuando termino de escribir, solo tengo que ir a la herramienta reemplazar, que está en el mismo sitio que buscar, y copiar un guion largo, que puedes sacar de la herramienta símbolos que hay en Word.

¿Y qué pasa con esos guiones que aparecen automáticamente y no son el guion largo que tenemos que usar? Pues nada, hago lo mismo, copio uno de ellos, me voy a reemplazar y los cambio por el guion largo.

Así no tienes que tener copiado el guion y tener que introducirlo cada vez que empiezan los diálogos. Pero, si prefieres hacerlo así, también puedes copiar el guion largo y, cada vez que tengas que introducirlo, utilizar el comando: ctrl+v, cuando coges práctica, es automático y rápido.

Yo prefiero el método de los dos guiones seguidos, porque me resulta muy poco invasivo, no me descoloca, ni me obliga a prestar atención a nada más que a mi escrito. Llevo usándolo tanto tiempo que ni siquiera me doy cuenta de que lo hago.

También puedes crear tu propio comando, para que, mientras escribes, te aparezcan los guiones largos directamente. ¿Cómo se hace? Sencillo, vas a insertar símbolo y esta vez le das a autocorrección. Se abre una nueva ventana, donde puedes insertar tu comando, — en mi caso, y, cada vez que lo escribas, se cambiará a — solo. Ten cuidado al escribir tu comando, porque si forma parte de alguna palabra o expresión, corres el riesgo de que el programa lo cambie al guion largo.

Otra cuestión que debemos tener claro al escribir acotaciones, es su función como pausa en el texto. Cuando queremos introducir un pensamiento o frase que, interrumpe el texto, podemos hacer uso de las acotaciones. También sirven comillas o cursiva, puedes usar la que más te guste. Eso sí, si utilizas guiones, hazlo en todo tu escrito, no vale cambiar a cursiva en la siguiente frase.

También tienes que cuidar que la acotación que introduces sea necesaria, porque puede que no haga falta y puedas prescindir de ella. Todo lo que aparezca en tu escrito, debe ser imprescindible, porque todo lo que puede eliminarse, sobra.

Veamos cómo funcionan las acotaciones en un texto de ejemplo:


—Bueno, yo tengo que irme —dijo señalando la moto que estaba justo al lado del semáforo—. Debería darse prisa en llegar a casa, porque huele a lluvia.

Lo que faltaba. Todavía me quedaba un largo trecho y ya no había posibilidades de coger ningún autobús, no por ese camino. Podría llamar a un taxi, pero no me gustaba cogerlos sola, menudo desperdicio.

—Buff —dije.

—¿Quiere que la acerque a algún lado? —El motorista parecía un buen tipo, pero, siendo policía, sabía que no estaba el mundo para fiarse de desconocidos.

©Lola Alarcia. Fragmento de la novela en la que estoy trabajando ahora.


Si nuestra acotación es muy larga, es mejor dejarla en la siguiente frase. De esta forma, el texto tiene aire y el lector lo agradecerá. En mi texto, la narradora es también la protagonista.

Como ves, escribir es mucho más complicado de lo que los meros mortales piensan. No se trata solo de sentarse frente al teclado y expulsar todo lo que llevamos dentro. Sí es cierto, en ocasiones con eso basta, pero, eso es anecdótico, los escritores necesitan trabajar en sus textos con cuidado y mimo.

No te preocupes si te cuesta ordenar bien tus diálogos al principio. Lo mejor que puedes hacer, es escribir sin pensar demasiado en ello, pero, cuando termines, retoma tu texto y corrige con detenimiento todo lo que necesita un cambio. Lee tus diálogos en alto y verás qué fácil descubres si tus acotaciones son demasiado largas, imprescindibles o si sobran. Acostúmbrate a leer en alto, verás todo lo que no funciona.

Y eso es todo sobre las acotaciones. ¿Te ha parecido interesante? ¿Tienes alguna duda? No te preocupes, comenta aquí abajo lo que te inquieta o cualquier duda que tengas.

Muchas gracias por leer Infinitos monos y te espero en un nuevo artículo.

Antagonista vs protagonista

Protagonista y antagonista

Todos los que escribimos, sabemos que una de las partes más complicadas de crear una historia, es crear unos buenos personajes (protagonista o antagonista). A veces nos centramos tanto en el protagonista, que olvidamos el resto de personajes. O creamos un antagonista que simplemente es malvado.

Pero una buena historia necesita mucho más. Tenemos que trabajar tanto en el protagonista como el antagonista, sin olvidar a los secundarios, pero teniendo claro, que el peso de la historia está en esta dualidad: protagonista vs antagonista. El protagonista es el que soporta todo el peso de la historia y el antagonista, quien mueve todos los hilos de la historia para enfrentar al protagonista.

Así que, en esta ocasión, vamos a ver qué elementos debe tener un buen protagonista y un buen antagonista. Coge papel y lápiz y empieza a tomar apuntes.

El protagonista

Es el centro de la historia (el protagonista, claro). Quien tiene que vencer al antagonista o enfrentarse a él. Sobre el que gira todo el arco narrativo y quien da sentido a la novela o relato. Su deseo, su problema, es el que mueve los engranajes para que esa historia merezca ser contada. Es el protagonista, con quien el lector va a vivir esa aventura.

Pero esto, que sea el centro de todo, no implica cosas como que sea alguien bueno o admirable. Debes eliminar el concepto de héroe de tu mente de escritor. El héroe de tu historia, puede ser malvado o despreciable. O no tener nada de héroe, ser un cobarde temeroso de cualquier traba.

Un protagonista es el motivo por el que existe la historia

Tampoco pienses, que tienes que convertir a tu protagonista en el narrador de tu historia. Unas veces funciona y otras no. El narrador depende de cómo quieras contar la historia y a quién va dirigida. Estamos acostumbrados a leer narradores en primera persona en las novelas juveniles, en las que el protagonista es quien narra la acción. Pero tu historia puede requerir otro tipo de narrador.

En Sherlock Holmes, el protagonista no narra su historia, lo hace un secundario que acompaña al famoso detective a todas partes: Watson.

Tu protagonista tampoco tiene que ser alguien admirable ni bueno. Puede ser un villano, que normalmente lo identificamos con un antagonista, pero podemos usarlo como protagonista. No hay que olvidar, que un antagonista no deja de ser el protagonista de su propia historia.

Una obra puede tener varios protagonistas

Y, otro punto a tener en cuenta, tu protagonista no tiene por qué ser único. Puedes contar una historia con varios protagonistas. Cada uno tendrá su punto de vista y todos juntos, permiten al lector ser consciente de toda la historia.

El antagonista

El antagonista es la fuerza opuesta al protagonista. Llamarlo fuerza, nos hace verlo de forma menos personal. No tiene por qué estar representado por una persona. Puede ser un acontecimiento, un animal, un problema, un grupo de personas o una organización.

Los antagonistas pueden estar representados por entes o corporaciones, no tienen por qué ser una persona

Bien es cierto, que podemos hacer lo mismo con otros personajes. Pero las historias funcionan mejor, cuando el lector puede ver, claramente, quién es el protagonista de la historia. Pero no es así con el antagonista. Que no esté representado por una única persona, lo hace más temible, o importante. Esta fórmula funciona mejor con los antagonistas que con los protagonistas.

Es muy común ver a los antagonistas representados por villanos. Pero si, en tu historia, el protagonista es el villano, su antagonista ha de ser la parte buena, la luz que lucha contra esa fuerza maligna o moralmente cuestionable. Es más sencillo ver la dualidad bien y mal a la hora de crear estos personajes, pero como escritores, podemos y debemos buscar, siempre, la forma de contar algo que nadie haya hecho antes. O al menos, ser capaces de darle la vuelta a lo que ya está hecho.

Hay muchos ejemplos en la literatura sobre personajes con protagonistas que no son buenos.

Si quieres conocer obras con un villano como protagonista, tienes Macbeth, con el propio Macbeth como villano, Cumbres borrascosas, en el que tenemos a Heathcliff, en American Psycho, vemos la historia de Bateman.

Diferencia entre protagonistas y antagonistas

En la historia:

Toda la historia está tejida en torno al protagonista y su camino hacia la consecución de su mayor deseo o sueño.

El antagonista es la fuerza principal que se interpone entre el protagonista y su deseo o sueño.

En la puesta en escena:

Lo normal, salvo excepciones, es que los protagonistas sean representados como personajes moralmente correctos e íntegros.

Los antagonistas, salvo excepciones, son retratados como villanos.

Cuando escribas tu historia, ten presente estas cuestiones. Como autor, tienes libertad para jugar con los conceptos y darle la vuelta a lo que creas necesario, pero siempre debes respetar la dualidad protagonista/antagonista.

La balanza que sostiene los protagonistas y los antagonistas debe estar equilibrada.

Una historia en la que no hay diferencia entre unos personajes y otros, no funciona. Los lectores se sentirán perdidos y no confiarán en ti como autor. Es difícil ganarse al público, pero muy fácil perderlo.

Siempre que diseñes personajes, creando un protagonista bueno o malvado, debes contrarrestar esa fuerza con otra opuesta. Si tu protagonista va a ser moralmente cuestionable o malo, tu antagonista ha de ser lo contrario.

También puedes jugar con esos personajes, puedes tener dos personajes en apariencia iguales, que van distanciándose a medida que avanza la historia, uno se convertirá en el protagonista y el otro en el antagonista. No es necesario que el lector sepa desde el principio a quién corresponden esos roles. Pero debes cuidar mucho tu trabajo, para que esa cuestión que el lector quiere resolver, no se convierta en algo negativo para tu historia. Si creas esa duda en el lector, quién será el verdadero protagonista, hazlo bien, de forma coherente y que el lector pasa las hojas, deseando leer algo que lo saque de la duda. No sirve con dejar pasar páginas y páginas de acción de la que no se puedan sacar conclusiones hasta el final. Debes ir dando pinceladas de la personalidad de ambos, para que el lector comience a crear su propia idea. Y llegado el momento, enfrentar a esos personajes a un hecho que nos saque de dudas sobre su moralidad.

Los antagonistas y los protagonistas son quienes van a crear la mayor tensión en la historia.

La clave del éxito, está en el trabajo. Tienes que trabajar esos personajes hasta el infinito, bueno, no tanto, que no terminarás nunca. Lo que no debes hacer es trabajar menos en un antagonista que un protagonista, porque ambos personajes son igual de importantes.

Si quieres saber un poco más sobre protagonistas, antagonistas y la creación de personajes en sí, puedes visitar alguno de estos artículos que publiqué en el blog.

Cómo crear personajes

Los personajes

33 consejos para escribir personajes sólidos
¿Cómo elegir al protagonista perfecto para tu historia?
4 tipos de antagonistas épicos

7 consejos para escribir villanos creíbles

Villanos

¿Qué te gusta más? ¿Trabajar en los protagonistas o en los antagonistas? Puedes dejarnos tu opinión en los comentarios.

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Escribir una novela sin morir en el intento
Escribir una novela sin morir en el intento

Escribir una novela sin morir en el intento

Muchos escritores, sobre todos los que empiezan, a menudo creen que escribir una novela es sentarse con un lápiz/bolígrafo/teclado y ponerse a desarrollar su historia. A escribirla, no a prepararla. Para escribir una novela, todos pensamos que se empieza por el capítulo uno, así que, se colocan en su cuarto de escribir y empiezan con ella. Y durante varios capítulos les va bien, pero llega un momento, en el que se dan cuenta de que no pueden seguir. Porque no recuerdan cómo iba vestido el protagonista, porque no saben quién es el personaje que aparece en el primer capítulo o porque sus personajes se han rebelado y lo están mirando con cara de pocos amigos porque no quieren entrar al edificio que toca entrar…

¿Te suena?

Me apostaría algo a que sí.

¿Y sabes por qué te pasa?

Porque no has madurado tu idea.

Me gusta poner el ejemplo de la pintura, porque acudo a clases y, aunque parezca mentira, me ha enseñado mucho sobre la creación, que puede extrapolarse a cualquier disciplina artística. El caso es, que en pintura o dibujo, nos colocan una figura que debemos plasmar en el papel. Y antes de empezar la obra definitiva, tenemos que aprender cómo es, cada sombra, cada curva, ángulo, volumen… conocerla en todas sus facetas. Y una vez la conocemos, es cuando la dibujamos, y como hemos aprendido cómo es, podemos no sólo plasmarla tal como es, la podemos dibujar como nosotros la vemos, lo que le añade un gran valor artístico al resultado.

Dibujar se parece mucho a escribir

Y si piensas, que se conoce la figura que tenemos que pintar, mirándola, estás muy equivocado. Por supuesto, la miramos, pero para conocerla, la dibujamos en bocetos más o menos elaborados. En esos bocetos no utilizamos las técnicas artísticas, sólo trazamos líneas y sombras, para comprender cómo funciona la luz en ella y los reflejos y luces. Después de varios bocetos, ya empezamos a entender cómo es en realidad y es cuando se saca el papel de calidad (y caro), afilamos los lápices buenos (un dibujo a grafito, lleva varios lápices de grafito, sí, todos del mismo color pero con diferente intensidad, no vale con un HB) y empezamos a usar las técnicas que hemos aprendido sobre el dibujo.

Como ves, para dibujar, no sirve con sentarse y ponerse a realizar el trabajo. Antes hacemos un estudio previo mediante bocetos, donde podemos ver qué nos funciona para plasmar lo que vemos en la figura que vamos a reproducir. Incluso los bocetos pueden ser de diferentes ángulos, para encontrar el que más nos gusta.

Con la escritura es lo mismo. Por supuesto que te puedes poner a escribir desde el minuto uno, pero te encontrarás con todas las dificultades que el trabajo previo va a desechar. Necesitas saber muy bien lo que estás haciendo y tener muchas tablas como escritor para poder siquiera plantearte algo así. En un relato corto, es más fácil, pero en una novela… mejor no te veas en esas, créeme, que sé de lo que hablo.

Hay que empezar a trabajar en una novela antes de ponerse a escribir

Mi primera novela la empecé de esa forma. El resultado: una novela de seiscientas páginas que no cuadraba. Había tramas inconclusas, personajes inútiles, historias aburridas… un desastre que dudo pueda arreglar algún día. La única solución sería empezarla de nuevo, planificándola bien, esta vez.

Como ves, escribir una novela es un trabajo que comienza con la planificación. Vamos a ver una lista de cosas que evitarás si preparas bien tu historia antes de ponerte a escribir:


I/ Tus personajes serán más sólidos

Si antes de ponerte a escribir, trabajas bien tus personajes, descubrirás que todo es mucho más fácil. Los vas a conocer como si fueran amigos tuyos, sabrás cómo se comportan y cómo se enfrentan a los problemas antes de que los encaren.

Verás si su historia, dentro de tu historia, encaja y es lo que quieres mostrar a tus lectores. Y si no te gusta o convence, estarás a tiempo de evitar el error de introducirlo en tu trama.

Cada vez que dudes sobre ese personaje, podrás acudir a tus apuntes y ver qué no encaja o qué deberías hacer para que así fuera.

II/ Tu trama será fuerte

La trama es el esqueleto de tu obra, los cimientos, y como tal, debería ser la base de la misma. Si no la creas antes de escribir, se irá cimentando a medida que tu historia avance y si llegas a un punto muerto, habrás trabajado de más y perdido un montón de tiempo. Y al volver atrás, para corregir el error, te costará enlazar lo que tenían escrito con lo que tienes que cambiar. Eso te provocará frustración y es muy probable que hartazgo. Tendrás ganas de abandonar tu obra.

Sin embargo, trabajando duro antes de escribir, tu trama será un esqueleto sólido y perfecto sobre el que tu historia se sostendrá fuerte. Tendrás los cimientos perfectos y tu historia brillará con luz propia. Y cada capítulo estará sólidamente construido.

III No sufrirás el temido bloqueo del escritor

Muchas veces confundimos la inspiración con el bloqueo. No es lo mismo. La inspiración es lo que hace todo más fácil. La que convierte lo normal, en perfecto. Pero, no es necesario estar inspirado para escribir, es preferible, claro, pero no indispensable. Imagina que sólo pudieras escribir inspirado. ¿Cuántas veces al mes te sientes así? Tardarías años o décadas en terminar tu obra.

Olvida esa parte tan romántica del escritor. El escritor de verdad tiene que ser capaz de escribir todos los días, sin excusas. Eso sí, habrá días que tus dedos vuelen sobre el teclado y otros en los que parezca que se te acaba el combustible. La vida es así y hay que asumirlo.

Planificar todo bien, antes de escribir, te hará la vida mucho más fácil.

IV Tendrás una visión completa de tu obra desde el principio

Esto es mucho más importante de lo que puedas pensar. Poder ver el esquema de tu novela antes de escribir, tendrá como resultado saber qué funciona y qué no, qué orden debería tener la acción en tu historia y saber la mejor forma de contarla. A lo mejor descubres que funcionaría mejor si la cuentas en otro orden. O, hasta es posible, que descubras que deberías contarla desde un personaje determinado, en lugar de usar un narrador externo.

Hay varias formas de seguir este paso. Puedes hacer un pequeño esquema en una hoja, utilizar una hoja de cálculo para escribir en cada casilla la evolución de tu historia, incluso puedes utilizar una pared, para poner carteles con la evolución de tu historia. Hay muchas formas. Encuentra la que se adapte a ti y disfruta viendo tu historia desde fuera.

V No necesitarás escribir tu novela en un período corto de tiempo

Ser escritor, a veces, no es nuestro principal trabajo (ojalá, ¿verdad?). Si tienes poco tiempo para escribir, tu novela se va a eternizar. Y si no la tienes bien preparada, eso puede jugar en tu contra. Sin embargo, si has trabajado bien en su preparación, vas a tener siempre un hilo que seguir.

También es posible, que te veas obligado a dejarla aparcada unos meses. Imagina retomarla sin haber realizado un trabajo previo, no te acordarías de nada (yo lo sé, tú lo sabes… aunque a veces no queremos verlo).

Planificar tu novela no le va a quitar espontaneidad a tu obra, ni magia. Todo lo contrario, vas a tener libertad creativa total, porque ya no tienes que preocuparte de nada más que escribir.

VI Si quieres escribir una secuela, te será fácil seguir el hilo de la primera

Terminaste tu novela. La publicaste y fue un éxito. Tus lectores quieren más. ¿Para cuándo la secuela?

Y tú te echas a temblar… porque no te ves capaz, no recuerdas bien todo lo que has contado y mucho menos te vas a acordar de los detalles que cerraste… pero… preparaste tu guía para escribir esa novela y lo tienes todo bien atado. ¡Genial! ¿Verdad?

¡Claro que sí!

Probablemente, hayas trabajado tanto para preparar tu novela, que lo recuerdes todo mucho mejor que si te hubieras limitado a escribirla. Pero ahora, para enfrentarte a tu secuela, tienes una guía (bendigamos las guías). Puedes echar un vistazo antes de ponerte a preparar la guía de la secuela (sí, ahora ya no podrás dar un paso sin guías, jajaja). Y ahí tienes todo lo que necesitas. Los personajes, la trama, lo que cerraste, lo que dejaste abierto… todo.

VII Ahorrarás tiempo

Vas a ahorrarte mucho tiempo, porque al crear tu esquema, verás los fallos antes de escribir y ya no invertirás tiempo en material que vas a descartar. Puede que pienses que escribir la guía te va a hacer perder el tiempo también, pero te va a ahorrar mucho más, te doy mi palabra, la guía será tu mejor amiga. También es cierto, que la primera guía que prepares, para tu primera novela escrita así, te llevará mucho más trabajo. Es un sistema nuevo y tienes que acostumbrarte. Con la práctica y el tiempo, verás que no necesitas casi nada para preparar el trabajo.

Piensa en esa guía como un complemento a tu novela, porque te va a servir para enviar material a una editorial, para crear publicidad, para la novela, claro está… vas a adorar tu guía.

¿Ves lo que te digo?

Escribir sin rumbo no es algo al alcance de todos. Volviendo al símil pictórico, no todos somos Da Vinci. No nos engañemos. Los meros mortales necesitamos saber lo que estamos haciendo. Los cerebros superdotados, pueden funcionar a su ritmo, pero los que tenemos que servirnos de uno normal, necesitamos ampliar nuestra memoria, necesitamos un cerebro externo que guarde la información por nosotros. En mi caso, mis memorias periféricas son libretas. Libretas que empiezan limpias y terminan llenas de tachones… pero los tachones son la muestra del trabajo. O eso me gusta pensar.

Si crees que no necesitas una guía para escribir, piensa un instante. ¿Lo dices porque te sientes seguro con tu forma de trabajar? ¿O porque no le ves utilidad? ¿No será miedo al cambio? No sientas miedo de cambiar tu forma de hacer las cosas, porque es posible que te pierdas algo bueno. Debes tener la mente abierta y comprender que lo que tú creas no tiene por qué ser lo único válido. Si hay diez caminos para llegar a un mismo lugar, todos son válidos. Escogerás el que más te convenga y lo harás porque ya conoces todos los caminos y verás cuál es el tuyo. Así que, no descartes probar uno nuevo.

¿Y tú? ¿Escribes con o sin preparación previa? Puedes compartirlo con todos nosotros en los comentarios y preguntar lo que quieras.

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Nos vemos la semana que viene.

Escribe terror
Escribir historias de terror

Escribir historias y cuentos de terror

Si hay un tema que jamás pasará de moda, es el terror. Yo misma soy adoradora de este género. Tengo casi todos los libros del Rey del Terror, Stephen King. Y, la verdad, es uno de mis escritores favoritos. Tiene libros malos, como todos, pero tiene obras que cualquier amante de la literatura tiene que leer. Con respecto al retrato humano, lo borda. Sus personajes siempre resultan creíbles, sean buenos, malos, tontos, listos, monstruos o de otro mundo. Si quieres escribir historias de terror, tienes que leer historias de terror.

Pero a lo que iba. El género de terror es un género vivo. Y es precisamente esa fama, ese gusto generalizado, lo que hace que sea difícil encontrar buenas obras. Todo el mundo escribe terror. Y todo el mundo no es escritor.

Si tú quieres escribir terror, lo primero que tienes que hacer es leer. Leer cada obra que tengas oportunidad, porque los escritores tenemos que darle alimento a la mente y tenemos que ejercitarla. Puedes pensar, que un escritor ha de entrenarse escribiendo, pero, déjame decirte, que una parte muy importante del entrenamiento, viene de la lectura, no de escribir. Y por supuesto, no de una lectura de ocio. Tienes que aprender a tener una lectura crítica. Eso no le va a quitar la gracia a leer, te lo aseguro, al contrario, va a ser una experiencia mucho más rica.

Aunque me queda mucho por aprender, he escrito muchos relatos de terror, aunque todavía no me he atrevido con una novela. Si quieres leer alguno de mis relatos de terror, puedes hacerlo aquí, en La biblioteca de los simios.

Pero vamos a ver algunos detalles que debes tener en cuenta, a la hora de abordar una historia de terror.

EL MIEDO – CONOCE EL TERROR para escribir sobre él.

miedo

Del lat. metus ‘temor’.

1. m. Angustia por un riesgo o daño real o imaginario.

Según la RAE

Quien busca una historia de terror, lo hace para pasar un mal rato. Le da miedo y sabe que va a pasarlo mal. Pero es parte de la gracia de leer terror. Tu trabajo consiste en crear una atmósfera que aterre al lector. Y habrás hecho bien tu trabajo, si ese lector, se ve obligado a encender las luces de su dormitorio, el mismo día que leyó tu historia de terror. Puede ser triste vivir de asustar…, pero así es el terror. Y si quieres escribir terror, tienes que crear miedo en tus lectores.

Una de las claves del éxito, radica en dar con ese miedo universal, con lo que asusta a la humanidad por igual. No puedes asustar a una cultura con lo que asustas a otra (menos en el caso del terror japonés, eso asusta a cualquiera, tenga las raíces culturales que tenga). Si quieres que tu obra perdure, necesitas ese terror universal para lograrlo. Pero, si lo deseas, puedes escribir relatos de terror que sirvan en tu cultura. Si utilizas una historia más limitada, por temas culturales, es posible que no encajes bien en otros países, pero si trabajas bien tu historia, te preocupas de que esté bien escrita y documentada, puedes lograr gustar a un público amplio.

Veamos unos detalles sobre el miedo para tenerlo en cuenta a la hora de escribir historias de terror.

Existen miedos instintivos, que son comunes a un espectro amplio de población. Entre estos miedos, tenemos:

  • Miedo a la oscuridad.
  • Fobias a ciertos insectos o animales.
  • El miedo a la muerte.
  • El miedo a lo desconocido.
  • Miedo a la soledad.
  • El miedo al dolor.

Como ves, son miedos que nada tienen que ver con cosas sobrenaturales ni fantasmas, ni apariciones. El terror no tiene por qué estar relacionado con nada irreal. Ese terror, bien explorado por el autor, puede servir en muchas culturas diferentes. Porque son miedos innatos que el ser humano lleva en la sangre.

También existe el terror hacia seres sobrenaturales, monstruos o entidades. No lo olvides a la hora de escribir.

Aquí desempeña un papel muy importante el folclore popular. En diferentes países y regiones del mundo, encontramos toda suerte de leyendas sobre seres malignos, que se dedican a atormentar la vida de los mortales.

Son miedos comunitarios, que escapan de la razón y que, aunque pensemos que no son reales, nos aterran como si nos estuvieran esperando debajo de la cama.

Aquí estaríamos hablando de terror clásico:

  • Vampiros.
  • Hombres lobo.
  • Fantasmas.
  • Brujas.
  • Demonios.
  • Etc.

Si te gustan los relatos y las historias de terror clásicas, puedes leer este artículo que publiqué hace tiempo, en él hablo de monstruos clásicos que son conocidos gracias al cine, pero que nacieron en la literatura. Tengo pendiente escribir una segunda parte, que espero publicar pronto.

Existe otro tipo de historias de terror, mucho más realistas, que abordan temas de actualidad, terrores que se van formando en la sociedad ante cambios o situaciones que ponen a prueba a la humanidad.

Podríamos llamarlos, miedo a lo que puede pasar. Aquí tienes un gran filón para escribir terror.

  • Las pandemias.
  • Enfermedad.
  • La guerra.
  • Las tormentas solares.
  • Inundaciones.
  • Incendios.
  • El hambre.
  • Etc.

Son temas que causan verdadero terror, aunque no están dentro de lo que consideramos terror clásico, que siempre asociamos a cuestiones sobrenaturales y más psicológicas. Pero eso no significa que no podamos abordar una historia de terror desde esta perspectiva. Y a esto sí que le debemos tener miedo, porque son situaciones que vivimos con más frecuencia de la que pudiéramos desear.

Y también tenemos el terror psicológico. Ese miedo es muy explotado en los thrillers.  Pero es un terror que podemos extrapolar a cualquier historia enmarcada en este género. Y, en mi opinión, si sabes usar el terror psicológico, tus obras pondrán los pelos punta a cualquiera.

Sin olvidar el terror sanguinolento. Para algunos es más asqueroso que terrorífico, pero es un clásico del género.

Algo que debemos tener en cuenta a la hora de escribir terror, es la atmósfera. Si no sabemos ambientar bien nuestra historia, corremos el riesgo de no lograr el efecto deseado. Pasar de algo terrorífico a algo ridículo es muy sencillo.

Piensa en Drácula, con su castillo tenebroso, esos bosques de los Cárpatos, ese viaje en calesa del pobre Johnathan Harker… ahora, en lugar de ese castillo, sitúalo en el centro de tu ciudad y ese viaje en calesa, cámbialo por un paseo por una calle repleta de gente.

La cosa cambia, ¿verdad?

¡Ojo! No significa que no puedas escribir una historia de terror con esos escenarios. El límite está en tu capacidad de crear. Pero lo que rodea a la novela Drácula, ya es tenebroso de por sí. Lo que crea el ambiente perfecto para lo que se quiere contar.

¿Lo ves?

Eso es en lo que tienes que trabajar. En la ambientación perfecta para tu historia. Y como, eres tú quien tiene la historia, eres tú quien debe encontrar la ambientación perfecta.

En los diferentes géneros o subgéneros, ya están establecidos ciertas premisas. Existen escenarios que están asociados a determinadas historias. Puedes hacer uso de esta ventaja, para ahorrarte poner en situación al lector. Pero si tienes capacidad para ello, ¿quién sabe si no puedes inventar nuevos clásicos? Lo que quiero decir, es que no te quedes con lo establecido, y no pasa nada si lo coges para tu historia de terror, pero intenta ser original y así lograrás destacar entre los demás.

Como escritores, tenemos que aspirar a crear nuevas sendas y dejar las transitadas para los que se conforman.

Puedes hacer uso de muchos elementos con los que crear tensión en tu historia de terror. Si el personaje tiene familia, ponerla en peligro hará que tus lectores se muerdan las uñas. Si está solo, enfréntalo a monstruos o a sus miedos, para que el lector se agarre a las páginas de tu libro, cuando, ese inocente niño, que teme la oscuridad, se adentra en ella, para salvar su vida. Y no olvides el misterio. Esas historias, en las que un fantasma aterroriza al protagonista, hasta que descubre algo sobre ese fantasma y logra encontrar la forma de enfrentarse a él o de ayudarlo. No todo tiene que ser feo en una historia de terror. Y qué decir del terror psicológico. Ese psicópata, que tiene encerrada a su víctima en el sótano, que sale a comprar un hacha para terminar con ella… lo logrará, no lo hará…

El narrador

El punto de vista es muy importante en una historia de terror. Escribir desde un narrador en primera persona causa sensaciones muy diferentes en el lector que hacerlo desde la tercera persona.

Analiza bien tu historia. Piensa detenidamente sobre qué quieres contar y qué sensación quieres despertar en los lectores. El narrador va a marcar el tono de la historia y la estructura.

La primera persona es muy intensa, pone al lector tras los ojos del protagonista. Sufre con él.

La segunda persona es muy invasiva. El narrador habla directamente a alguien que el lector puede interpretar como a él mismo. Puede ser que el lector se sienta incómodo y que no quiera seguir leyendo, cuidado con el uso de la segunda persona.

La tercera persona, bien utilizada, es tan buena como la primera. Si sabes narrar, no dudes en usarla.

Nunca menosprecies el uso de varios narradores. Puedes tejer una gran historia haciendo uso de este recurso. Cada personaje narra su parte de la historia y el lector las une en una.

Y no olvides, que los narradores no tienen por qué contar la verdad al lector, o toda la información que conocen. No se trata de engañar al lector tomándolo por tonto, se trata de confundirlo, de tejer una fina telaraña en la que se sienta seguro y en el momento preciso, hacerle ver que ha caído en la trampa. Para usar un narrador mentiroso o poco fiable, tenemos que saber muy bien lo que estamos haciendo.

Y por ahora, esto es todo lo que vamos a ver sobre las historias de terror. En el siguiente artículo, voy a continuar el tema y a explicar qué pasos hay que dar para escribir relatos de terror. Esos pasos, serán los mismos para escribir una novela de terror, pero siempre más elaborados y extendidos en el tiempo.

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