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Corregir textos

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Hoy voy a escribir unas notas sobre lo que deberías hacer a la hora de corregir tus textos. Es una parte de la escritura que a pocos nos gusta, pero es indispensable, tedioso, aburrido, agotador… y necesario. Pero si no eres corrector o has estudiado filología puedes sentirte perdido. Crees que con leer un par de veces tu relato y escribir un par de notas, tachar dos o tres palabras y cambiar un párrafo ya lo tienes hecho. Pero resulta que no. Corregir no es sólo eso.

A continuación voy a relatarte algunos pasos que puedes usar como guía y lograr que tus textos cobren vida y fuerza.

  1. Lo primero de todo, obvio, es escribir tu historia, pero por completo, de principio a fin. Si es un relato no tardarás mucho, si es una novela… puedes necesitar años. Pero en fin. Que te pongas a escribir si no lo has hecho ya.
  2. Ya tienes tu historia terminada, ya escrita, porque te queda el trabajo tedioso de corregirla. Ahora lo más apetecible es leerla, pero no puedes hacerlo, lo siento. Está prohibido. Lo que tienes que hacer es olvidarte de lo que hiciste. Yo intento dejar una semana hasta leer lo que escribí. Pero tu puedes dejar el tiempo que estimes oportuno. Un par de días debería ser el mínimo. En ocasiones no tenemos ese tiempo, así que deja tu relato en el cajón y ve a dar un paseo, ve un par de videos musicales o sal a tomar un café con algún amigo que haga tiempo que no veas. Lo que sea que te haga olvidar lo que has estado haciendo.
  3. Imprime tu obra. Es tentador ponerte a corregir un par de cosas antes de hacerlo, corregir la puntuación, la ortografía, pero no es necesario ahora, ya lo harás cuando toque. Tu imprime tu texto en bruto, sin pulir, como salió de tu maravillosa mente. Y ahora a leer. Pero nada de sentarte en una cafetería con el boli rojo en la mano. No. Ve a un lugar tranquilo, donde puedas hablar solo sin que te tomen por loco, porque vas a leer en voz alta. Si, nada de leer con la voz de tu mente, lee en voz alta y entonando lo que tu mismo has escrito. Te puede parecer ridículo, pero al dejar que el texto entre por dos sentidos vas a ser capaz de descubrir muchas más cosas que si lo lees en silencio. Y además podrás sentir de primera mano cómo suena tu texto. Si el ritmo es correcto, si las comas están bien puestas, las exclamaciones, …

Y ahora no se te ocurra ponerte a tachar todo lo que te parezca que está mal. Simplemente lee y toma alguna nota al margen que ya revisarás mas tarde. Tienes que leer del tirón, sin pausas que te distraigan de tu verdadera misión, pulir tu texto.

  1. Ahora vamos a analizar la estructura de nuestro texto. Intenta separar los párrafos indicando hasta donde dura la introducción, el desarrollo y el desenlace.

Busca si tu texto contiene un agente iniciador de la trama (un hecho que acontece y provoca la acción siguiente).

¿Tu historia tiene un conflicto? Si no lo tiene puede dejar la historia descafeinada.

¿El desenlace resuelve el conflicto primero? Tu lector va a esperar que le resuelvas el problema al que se enfrenta el protagonista.

  1. Puedes dividir los párrafos y apuntar al margen lo que sucede en cada uno. Ahora analiza qué párrafos no aportan nada a la historia y elimínalos. No queremos material de relleno, queremos acción e información útil.

También puedes hacer lo siguiente, escribir una lista de escenas contenidas en el texto y contar las palabras con las que cuenta cada una. Así veremos si mantiene un equilibrio.

Nuestro texto debería estar dividido así:

Introducción: 25%

Desarrollo: 25%

Desenlace: 25%

  1. Elimina las partes aburridas. Ten en cuenta, a la hora de leer en voz alta, que si tu, que eres quien lo ha escrito, no quieres leerlo porque te aburre, nadie querrá hacerlo. Es duro, pero elimina esas partes.
  2. Es tentador, pero la corrección de un texto nunca debe hacer el mismo más largo. Siempre tenemos que acortarlo, bueno, a lo mejor no siempre, pero ya verás que escribes siempre de más. Si ves que necesitas introducir nuevos párrafos, más información… a lo mejor es porque todavía no habías terminado tu texto.
  3. Cuando leas, procura comprobar que todo está claro y que nuestro lector no va a necesitar releer y parar su lectura para comprender.
  4. Revisa los entornos que describes. No te pierdas en descripciones largas y llenas de palabras bonitas. Intenta ser conciso. Y un apunte, utiliza siempre los cinco sentidos para describir, eso le aporta realismo y claridad a nuestro texto.
  5. Ahora ya deberíamos hacer pulido bien nuestro texto, hemos eliminado lo que sobra, repasado las descripciones, nos hemos asegurado de la cohesión de nuestra historia y llega el momento de corregir la ortografía.
  6. Si tu texto está lleno de tachones y apuntes, es posible que quieras volver a imprimir las correcciones, yo prefiero hacerlo todo en el mismo papel. Coge tu texto y ve rodeando cada verbo que te encuentres. Y aquí viene el momento de analizar si hemos usado la voz pasiva o activa.

La voz pasiva suele considerarse un error de novato. Deberías asegurarte de utilizar la voz activa.

No es que la voz pasiva sea siempre mala, pero la voz activa hará que nuestro texto sea mucho más claro y fácil de leer. El lector lo agradecerá.

Mira bien los verbos que utilizas. Procura que sean verbos de acción en lugar de copulativos.

“La niebla estaba espesando”.

“La niebla serpenteaba y se arremolinaba en las pequeñas hondonadas”.

Ambas frases vienen a describir la niebla, pero en la segunda hacemos uso de verbos que describen la acción de forma que aportan más vida a la escena.

También podemos darle más vida al texto utilizando verbos específicos que aporten energía y dinamismo. Nuestro personaje puede correr hacia el autobús, pero si indicamos que esprintó, indicaremos una acción mucho más activa y descriptiva.

Pequeños detalles como comenzar nuestras frases con: “Hay, había, habían…” pueden quitarle elegancia y misterio a nuestro texto.

“Había una mujer sentada en el banco”

“Una mujer esperaba en un banco a alguien que no llegaba”

La primera frase es correcta, la segunda es algo más elegante y deja más información al lector.

  1. Revisa los diálogos. La fórmula: él dijo/ella dijo es buena y suficiente. A veces necesitamos añadirle dramatismo, pero deberíamos abusar de esta fórmula antes que tener unos diálogos repletos de fórmulas distintas.
  2. Evita usar adjetivos continuamente. No abuses de los adverbios. Céntrate en el uso de nombres y verbos.

Adjetivos y adverbios, no.

Nombres y verbos, sí.

Es quizás lo más difícil, pero la frescura y dinamismo que le aporta esta corrección a nuestros textos, merece la pena.

  1. Procura evitar los clichés. El lector no quiere leer lo que él ya sabe con las mismas palabras que él lo diría. Frío como el hielo es demasiado obvio y está muy visto.
  2. A veces es mejor mostrar que contar. Deja que el lector se haga él la composición de la historia con un par de detalles, no le indiques lo que debe pensar, que lo descubra por los detalles.

“Estaba triste”

“Se dejó caer en la silla, con el rostro apretado”

En la primera frase indicamos el estado de ánimo, en la segunda dejamos que se intuya.

Para esta entrada he consultado estos textos, por si te interesa leerlos:

-Evita la voz pasiva-, de Jaume (excentrya.es)

-How to edit your story like a New Yorker Publisher-, by Pamela Hodges (thewriterprectice.com)

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Publicado enEscribirInfinitos Monos

6 comentarios

  1. Loui Loui

    Lo de abusar del «dijo» es correcto para los hablantes de inglés. Pero es considerado u error en español.

    • Tienes razón en parte. No es necesario que utilicemos continuamente «dijo», pero lo que no debemos hacer es usar una fórmula diferente cada vez que alguien intervenga en un diálogo. Ante la duda, es preferible «dijo». Lo que hay que evitar es introducir esta fórmula para cada intervención en el diálogo. No es necesario indicar siempre quién habla. Y solo prescindir del «dijo» cuando necesitemos transmitir más información. Si el sujeto habla enfadado, podemos cambiar «dijo» por «gruñó». Hay que tratar de escribir diálogos fluidos que atrapen al lector y, como en todo texto, no repetir la misma palabra una y otra vez. Los diálogos son la parte más fluida de un texto, no podemos cortar esa frescura con fórmulas demasiado elaboradas. No hay que huir del «dijo».

  2. Boris Iván Boris Iván

    Hola Lola , muchas , excelentes consejos ,muchas gracias.

    • Gracias, Boris, un placer servir de ayuda.

  3. Tayde Rodríguez Gabarrón Tayde Rodríguez Gabarrón

    mE PARECE IMPORTANTE, DEJAR QUE EL LECTOR SAQUE EN DEDUCIÓN QUE EL PERSONAJE ESTA EN UN ESTADO DE ÁNIMO. POR EJEMPLO
    “Cuando él se fue, ella levantó los brazos al cielo, su rostro se iluminó, empezó a girar sobre sus pies en puntillas murmurando -lo amo-.
    SI SE SACA EN CONCLUSIÓN QUE LA MUJER ESTABA FELIZ. SOLICITO SU OPINIÓN. ESTOY BIEN?.GRACIAS

    • Sería correcto, aunque es posible que tuviera mucha más fuerza si hubiera menos descripción y algo más de sentimiento.
      «Cuando él se fue, ella saltó y giró sobre sí misma sin dejar se murmurar que lo amaba.»
      Lo que propones está bien, pero a veces, acortando las descripciones ganamos en vitalidad.

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