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Aprende a darle ritmo a tus tramas

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Aprende a darle ritmo a tu historia. Como escribir una novela.
Descubre la forma de darle ritmo a tus tramas y lograr que los lectores no se despeguen de tu obra.

Como escritor y lector, ya sabes que hay libros que llevan la acción asociada por su propia temática o estructura. Y que hay libros con un ritmo vertiginoso y otros muy lentos. Y eso no tiene por qué ser malo, en principio. Cada libro necesita su ritmo. Y a veces, si no le damos el apropiado, podemos aburrir al lector o confundirlo.

Hay que ser cuidadoso a la hora de crear historias. No podemos escribir capítulos vertiginosos y capítulos lentos y agobiantes, necesitamos un ritmo coherente, lo que no implica que no podamos crear una montaña rusa de emociones. Hay que encontrar el ritmo apropiado, con el que no despistemos al lector y al mismo tiempo, mantengamos su expectación alerta.

Pero ¿De qué hablamos cuando decimos que la historia tiene un ritmo fuerte?

No significa que sea una historia llena de acción y situaciones cambiantes, que no deja respirar al lector, siempre pendiente de qué va a pasar ahora. No. Un ritmo fuerte implica una coherencia y constancia. La historia puede ser lenta, pero si mantiene una coherencia constante, estaremos haciéndolo bien. Pero no te olvides de crear situaciones que pongan al lector alerta. Es necesario mantener la atención del lector.

El ritmo va unido a la estructura que diseñemos para nuestra obra. No sé si has visto la película Memento. Tiene un ritmo y una estructura peculiar, que en un principio confunde al espectador, y que escena tras escena, va dando más información, hasta que lo entiendes todo. Así que tienes que ser fiel a la estructura que le has dado a tu novela y adaptar la acción a ella. Intenta no tocar demasiado de esto en las correcciones, o al menos, déjalo para la última cosa que corregirás.

Vamos a analizar diferentes puntos que marcarán el ritmo de nuestra historia:

#1

El gancho: la mayoría de las historias, comienzan con un capítulo donde se presenta al personaje principal. Nos muestra cómo es su vida diaria y crea en los lectores una unión para que se sientan identificados con él y quieran seguir conociéndolo y leyendo.

#2

El incidente desencadenante: en una obra, en la primera parte del libro, debe suceder un acontecimiento que cambie la vida del protagonista y lo saque de su monótona vida, aceptando la aventura que se le presenta.

#3

El punto de no retorno: llegados, más o menos, a la mitad de nuestra novela, el protagonista tiene que cruzar una línea que lo transporte, definitivamente, a un nuevo estado. Debe cambiar para siempre su actitud y crecer para diferenciarse de la persona que era al comienzo de la historia.

#4

El clímax: cuando el libro avanza hacia la resolución, el protagonista se enfrenta a todo lo que le impide alcanzar el éxito. A veces no es una única escena, son varias, en las que el protagonista va derrotando uno a uno sus miedos u oponentes para poder hacerse con la victoria. Y puede tener éxito o no. A veces el protagonista no alcanza lo que quiere, se ve derrotado, y consigue otras cosas con las que no contaba, eso ya dependerá de tu historia.

#5

Camino de regreso: el protagonista vuelve a su vida anterior, totalmente transformado y se reencuentra con todo lo que dejó atrás. Es una oportunidad de cerrar hilos sueltos y darle una resolución a todo lo que se quedó abierto.

Estos puntos los encontramos en infinidad de novelas. Es un ritmo al que estamos acostumbrados y que, como lectores, esperamos que suceda así. Como escritor, puedes y debes, encontrar el ritmo que mejor se adapte a ti. Este funciona a la perfección, pero eso no quiere decir que tú no puedas crear una nueva forma. Pero para inventar cosas nuevas, debes dominar las existentes primero.

Lo que tenemos que tener en cuenta, es, que entre esos puntos de los que hemos hablado, habrá varios capítulos que se encuentren enmarcados en ese ritmo (el incidente incitador, puede ser un solo capítulo, pero puede desarrollarse en varios; y con los demás puntos igual). Si no sabemos darle el ritmo apropiado a cada capítulo, podemos aburrir al lector y perder su atención. O peor aún, el lector puede cerrar tu libro y usarlo para calzar una mesa… pero no nos pongamos en lo peor. Necesitamos un equilibrio entre acción y calma.

Una historia necesita partes que lleven a la acción y acción pura que culmine en una nueva tranquilidad, hasta que la tensión vaya creciendo nuevamente para volver a nueva acción. Hablaríamos de un ciclo continúo de estímulo-reacción.

Pero, vamos a desgranarlo:

Primero:

La vida monótona de nuestro protagonista, se ve interrumpida por un conflicto, normalmente provocado por el antagonista, directa, o indirectamente (y ten siempre presente, que el antagonista no tiene que ser una persona, puede ser un desastre, una enfermedad, un obstáculo…). Este hecho, invitará al protagonista a responder con un movimiento que lo saque de su zona de confort. (ACCIÓN)

Segundo:

El movimiento que realiza el protagonista, provoca consecuencias. Esas consecuencias cambian su vida y su entorno, provocando que se vea removido y tendrá la necesidad de recomponerse, antes de poder acostumbrarse a la nueva situación. Los cimientos de su realidad se remueven y empieza a temer que su vida nunca volverá a ser la misma. (CALMA)

Tercero:

Llegado a este punto, el protagonista, enfrenta, aceptándolo o rehuyendo, el nuevo conflicto que necesita superar. Para ello, dará un paso que lo adentrará en un mundo distinto al que conocía y eso le provocará sentimientos muy dispersos, puede sentir miedo, alegría, dolor, rabia, tristeza… (ACCIÓN)

Cuarto:

Aquí es cuando el protagonista acepta su nueva realidad, comienza a sentir que los cambios son una realidad y que debe seguir adelante, aceptando las pérdidas o ganancias obtenidas. (CALMA)

Este ciclo puede repetirse tantas veces como quieras en tu novela, incluso puedes darle la vuelta, desordenarlo, alargarlo, darle más o menos intensidad. Lo ideal es mantener la tensión constante, pero ir resolviendo algunos conflictos menores, a medida que preparamos la obra para el conflicto más esperado, el enfrentamiento final entre el protagonista y su antagonista (y ya sabes, que el antagonista no tiene por qué ser alguien, puede ser una enfermedad, un problema en el trabajo, un desastre natural… las posibilidades son infinitas y sí, me repito, pero ¿a que ya no se te olvidará nunca?).

Puedes jugar un poco con los tiempos. Alargar la última calma, antes del apoteósico final; utilizar la última parte de acción, previa a la calma que antecede a la tormenta final, de forma que el protagonista se vea obligado a reflexionar y aceptar que el final se acerca…

Y recuerda, como escritor, puedes lograr que lo que no se suele hacer o lo que no funciona, sí lo haga, ahí estará la magia de tus ideas y de tus palabras. Pero, ya sabes, tienes que seguir los pasos de lo conocido, para poder adentrarte por tu cuenta en lo desconocido. Domina lo básico y lo aceptado, para hacer tu literatura cuando estés preparado.

Y eso es todo por hoy. Espero que te haya gustado este artículo y recuerda que puedes dejar tus comentarios y dudas aquí abajo. Un saludo y hasta la semana que viene.

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Publicado enEscribir

2 comentarios

  1. Mary Luz Mary Luz

    Es una gran verdad. Nuestros futuros lectores son lo más valioso que tenemos. Hay que conseguir que lean con gran interés y sean felices haciéndolo. Como habéis dicho antes, que olviden todo lo demás.
    Besitos.

    • Así es, como escritores no somos nada sin lectores.

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