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Consejos para escritores + Cómo escribir un libro

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Descubre el método para preparar tu novela que mas se adapta a ti. Aprende a escribir tu novela.
Descubre el método para preparar tu novela que mejor se adapta a ti. Aprende a escribir una novela.

Descubre el método para preparar tu novela, que más se adapta a ti


¿Has buscado formas para planificar o esbozar tu historia? ¿Necesitas un resumen que te permita dedicarte, exclusivamente a escribir?
Existen decenas de métodos para ordenar o planificar una novela, pero no te sientes cómodo con ellos. Necesitas encontrar el tuyo. Vamos a ver unos cuantos para que puedas encontrarlo. La mejor forma de encontrar ese método que te sirva para bosquejar tu novela, es aprendiendo cómo trabajas cuando escribes.
Piensa un instante, ¿en qué momentos de la escritura tienes más problemas? ¿No sabes terminar tus trabajos? ¿Se te rebelan los personajes? Todos estos problemas pueden venir de una mala planificación. Veamos 4 formas de esbozar una novela.


1- La sinopsis:
Escribir una sinopsis de dos o tres páginas puede darnos todo lo que necesitamos. No nos centramos en nada más que en la historia, de principio a fin, lo que nos deja libertad para desarrollar creativamente nuestra obra. Si no te gusta tener esquemas, pero te pierdes cuando llevas mucho escrito, este es tu método.

2- Resumen en profundidad:
Crea un esquema de capítulos y un pequeño resumen de cada uno, detallando la acción principal y los personajes implicados.

3- Método del copo de nieve:
Fue Randy Ingermanson quien lo diseñó. Es un método muy trabajado, que nos permite ir desarrollando nuestra historia, partiendo de una frase corta, hasta obtener un detallado resumen sobre la historia, los personajes, la trama y los capítulos.
Hay que trabajar mucho en este método, pero es muy completo y puede ser una buena opción para escribir sagas. Puedes ver nuestro artículo sobre el método del copo de nieve si quieres utilizarlo.

4- Método del final del libro
Si quieres tener total libertad creativa en el momento de escribir, puede que este método te ayude de guía. Consiste en tener claro el comienzo y el final de la historia y escribir todo lo que va en medio, sin planes ni esquemas, solo teniendo claro al lugar que se dirigen los personajes. Pero no olvides tener claras las motivaciones de tu protagonista o puedes perderte.
¿Tienes clara la premisa de tu historia?
Algo que tampoco debes descuidar, escojas el método que escojas, es descubrir la premisa de tu historia, qué es lo que sucede básicamente. Te pongo el ejemplo de mi novela por entregas, Autumn Rouge (por cierto, la puedes leer de forma gratuita en el blog).
“Autumn Rouge, una ejecutora del Consejo, que sueña con seguir los pasos de su tutor, convirtiéndose en la más grande de los ejecutores, recibe la orden de ejecutar la sentencia de un enemigo del Consejo. Lo elimina y cuando acude para informar de su éxito, escucha una conversación que no debería haber escuchado. Descubre un complot contra los terrestres y se ve obligada a huir, para salvar su vida. Buscará la ayuda de quienes fueron sus enemigos para derrocar al Consejo. Durante su lucha, conocerá un mundo que le recuerda lo horrible que era su trabajo y tiene que lidiar con la culpa por el daño que ha causado a esas gentes marginadas.”
Descubre el marco para tu obra y la estructura.
¿Qué tipo de narrador es el apropiado para tu historia? Tal vez tengas claro el narrador y el tiempo en que quieres escribir.
Existen varias formas de estructurar tu obra, podemos resumirlo en las cuatro más utilizadas:
 La historia en tres actos.
 El viaje del héroe (narra una historia que va aumentando lentamente de interés).
 La curva de Fichtean (continuos conflictos que atrapan al lector).
 En Medias Res (la historia ya ha empezado cuando nosotros empezamos a conocerla, lo que no sabemos se suele contar con recuerdos, cartas, documentos, conversaciones…).
Trabajar con una estructura o con otra nos proporcionará diferentes resultados y depende de qué tipo de historia queremos escribir.
Define tus personajes
Si quieres saber cómo son tus personajes, necesitas conocerlos. Puedes crear fichas, como la que te regalamos con la suscripción a Infinitos Monos. Si no la tienes, suscríbete ahora y la recibirás en tu correo. Puedes escribir la trama individual de cada personaje, así sabrás su implicación en la historia central.
Con estos conceptos claros, podremos escribir un buen bosquejo de nuestra obra. No existe una forma correcta de abordar la estructura de una novela, pero a veces necesitamos esa pequeña ayuda, que puede venir de realizar esquemas o resúmenes que nos guíen en la escritura.
¿Y tú? ¿Tienes un método propio para preparar tus historias? Puedes compartirlo con nosotros en los comentarios. Nos vemos en un próximo artículo, palabra de simio.

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5 formas de enmarcar tu historia
Descubre la mejor forma de contar tu historia. Descubre el marco que más se adapta a tu novela.

5 formas de enmarcar tu historia


A la hora de elegir el marco narrativo de una historia, tenemos que tenerlo muy presente porque vamos a usarlo durante toda nuestra obra.
¿Ya has decidido cómo será tu narrador? Es importante saber enmarcar la historia de la forma correcta. A algunas obras les va mejor un tipo de narrador y a otras, otro. Una obra puede brillar a pesar de tratar un tema muy usado, gracias al tipo de narrador
Hoy día está muy de moda la narración subjetiva. Este tipo se centra en la visión, limitada, de un único personaje, normalmente, el protagonista.
Pero existen otras formas de narrar tu historia; puedes cambiar, por completo, una obra, modificando la narración. Ya sabes, que algunas historias, muy poco originales, consiguen el éxito gracias a un punto de vista original y eso se logra, en parte, con nuestro narrador.
Pero vamos a ver 5 formas de enmarcar tu historia, con distintos tipos de narrador.

  1. Narración subjetiva
    Aunque la historia sólo la conocemos por el punto de vista de uno de los personajes, podemos hacer uso de varios para tener una visión mucho más amplia de la historia. Haciendo cambios de capítulo o de escena, podemos seguir narrando en primera persona, pero a ojos de otro personaje. Así vemos diferentes puntos de vista haciendo uso de una narración que puede limitar mucho la historia, ver solo lo que pasa a ojos de una única mirada, puede ser demasiado limitante. Siempre respetaremos el punto focal, que se centra en la visión de un único actor, pero veremos diferentes puntos de vista en cada capítulo o escena. Lo que no se puede hacer, es narrar de forma subjetiva y en la misma escena hacerlo desde la visión de otro personaje. Cada tramo de nuestra obra, debe tener su propio narrador.
    Y no solo podemos hacer uso de la primera persona, podemos usar otros tiempos, pero siempre centrados en la visión de un único personaje. El narrador solo conoce lo que sabe ese personaje y no puede introducir datos externos que él desconozca.
  2. Narración objetiva:
    En este caso, tenemos un narrador omnisciente, que cuenta todo lo que sucede sin centrarse en ningún personaje, obviamente, el principal tendrá más protagonismo, pero este tipo de narrador sabe lo que sucede en todo momento, conoce los pensamientos de todos y sabe lo que sucedió en otros tiempos y todo lo que sucede en el instante de la narración. El lector conocerá cosas que los personajes desconocen y sabrá en todo momento cuán equivocados o acertados están.
  3. Narrador testigo:
    El narrador es un personaje de la historia, que cuenta la vida de otro o los acontecimientos que sucedieron sin ser él el protagonista de la historia. No es un narrador que pueda conocer los sentimientos o pensamientos o incluso la historia pasada, de los protagonistas, solo sabe lo que él ha vivido a su lado. Puede intervenir en la historia, como un personaje más, pero nunca tendrá el peso de la historia sobre sus hombros, aunque pueda ser protagonista de algún tramo de la obra. La acción real, es la que cae sobre el personaje del que nos cuenta su historia.
    Las leyendas suelen tener un marco de este tipo. También podemos utilizar este marco, para contar una historia del pasado de alguien, y es él mismo quien la narra, como si contara la historia de otro, siendo él testigo.
  4. Narrador selectivo:
    Es un tipo de narrador protagonista, pero que no hace uso de la primera persona. Cuenta la historia de su vida, por ejemplo, como si no la hubiera vivido él. Es muy similar al narrador testigo. Se utiliza mucho en historias en las que el propio protagonista, narra su historia haciendo uso de la tercera persona y el narrador omnisciente, porque conoce todos los acontecimientos sucedidos, aunque en el momento de vivirlos, no los conociera. En estas historias, tenemos que marcar una clara diferencia entre el personaje principal del presente y el del pasado. Porque no es el mismo, por los acontecimientos vividos.
  5. Narración epistolar:
    En este caso, vamos conociendo la historia a través de cartas, documentos, diarios, que nos permiten hacernos una composición de la historia. Este tipo de narrador se puede mezclar con otros. A lo mejor la primera parte de tu historia puede empezar así, explicando una serie de acontecimientos con cartas entre dos personas y que cuando esas cartas dejen de recibirse por una parte, acuda para averiguar qué ha sucedido para que dejen de contestar sus cartas. O puede que quieras explicar, a mitad de tu obra, algunos sucesos que pueden explicarse de esta forma. En la escritura hay muchas posibilidades, muchas más que en el cine o en las series, si sabes explotarlas.
    ¿Y a ti? ¿Cuál te gusta más? Estas son 5 formas de enmarcar tu historia. Algunas resultan más atractivas que otras, pero todas son válidas y pueden ser la base de grandes obras. Al público, es posible, que le gusten más unas que otras, pero si lo haces bien y tu obra merece la pena, el tipo de marco que establezcas, puede ser el próximo marco de moda.
    Si quieres hacer algún comentario, hazlo aquí abajo y no olvides suscribirte al blog. Un saludo y hasta pronto, palabra de simio.

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Cómo saber si mi idea es buena. Aprende a escribir una novela.
Descubre qué preguntas debes hacerte para averiguar si tu idea es buena.

¿Cómo saber si mi idea es buena?

¿Cuántas veces te ha pasado, que estás viendo la tele o leyendo un libro y de repente te llega esa idea, ese germen de nueva historia? Quieres ponerte a escribir ya, necesitas plasmar esa gran novela para terminarla cuanto antes.

Pero ¿merece la pena tanto trabajo por esa idea? ¿Es suficiente para una novela? ¿Funcionaría mejor como relato?

Ponerte a escribir sin tener en cuenta esas preguntas puede ser una pérdida de tiempo. Imagina que pasas días, semana o meses escribiendo con esa idea en mente, y llega un día en el que te das cuenta de que has abordado esa idea de la forma equivocada. Has perdido todo tu trabajo por las prisas.

Pero ¿se puede saber si una idea merece la pena?

Las bases de una buena historia

Una historia es el relato de unos acontecimientos o eventos, sean reales o ficticios, que tienen que cumplir, al menos, tres de las siguientes premisas:

-Entretener

-Inspirar

-Instruir/enseñar

Sin uno de estos conceptos, cualquier relato deja de ser interesante, nadie se siente atraído por historias así. Es necesario que siempre intentes que tu historia contenga una de estas bases.

Tienes que contestar, en tus historias, estas tres preguntas:

-¿Qué quiere el protagonista?

-¿Por qué lo quiere?

-¿Qué le impide conseguirlo?

Si puedes responder a estar preguntas, ya tienes las bases de tu relato cumplidas. Pero esto es solo la premisa en la que cimentar tu relato.

¿Cómo mejora tu premisa la historia?

Antes de empezar, la premisa no es un resumen de tu historia, ni algo que debas exponer abiertamente en tu relato. Es una frase que define la historia, el protagonista, el antagonista y las relaciones entre todos. Es lo que tú, como escritor, debes tener en cuenta para desarrollar la obra que quieres escribir. Se podría decir que es la esencia de la historia. Lo que quedará en la mente de los lectores al leerla, eso que no se ve, pero que se grita en cada frase, la enseñanza intrínseca.

Tener esta premisa no implica tener que realizar un trabajo previo a la escritura, por si no eres de los que gustan preparar tu novela, antes de escribirla. Es, simplemente un ejercicio en el que vamos a buscar el fondo de nuestra historia. Si no puedes contestar a estas preguntas o la respuesta no te satisface, ¿debes escribir esta historia?

Muchas veces nos lanzamos a la escritura sin preguntarnos nada. Y eso nos hace perder horas de trabajo que al final no sirve para nada. Es bueno intentar validar nuestras ideas, con las preguntas que debes hacerte sobre tu historia y si tienes la oportunidad, comentando con otros escritores o lectores de confianza. El trabajo del escritor es de los más solitarios, pero el trabajo previo no tienes por qué hacerlo solo. Y, a veces, está bien dejarle a otro tu manuscrito, para que lo lea y te de su opinión con ojos frescos, porque los tuyos estarán ya hasta secos.

Es importante tener claro que lo que estás escribiendo merece la pena, porque eso será un aliciente, cada día, para seguir trabajando. Todos necesitamos saber que vamos por el camino correcto.

¿Y tú? ¿Intentas validar tu historia antes de escribirla? ¿O eres de los que se lanza a la escritura sin pensarlo? Ya sabes cómo puedes saber si tu historia es buena. Puedes dejar tu comentario aquí abajo y si aún no lo has hecho, suscríbete al blog. Un saludo y hasta pronto.

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4 tipos de antagonistas épicos. Cómo escribir personajes sólidos.

4 tipos de antagonistas Épicos: ¿Qué sería de tus relatos sin sus villanos?

Se encuentran de todas las formas y tamaños, algunos tan temibles que consiguen ganarse la simpatía del público. Aparecen en todas las tramas, y aunque no siempre son puramente malvados, están en competencia con el protagonista, convirtiéndose en sus adversarios. En el cine, a los actores les fascina interpretar a los villanos, ya que suelen ser personajes mucho más complejos que la mayoría de los protagonistas.

También existen antagonistas cuya esencia es intrínsecamente maligna. Uno de los mejores ejemplos es Sauron, del Señor de los Anillos. Representa el mal en estado puro, tan intenso, que a pesar de su derrota, logra resurgir en una esfera de malignidad que corrompe todo lo que observa. También te puedes encontrar con Voldemort, un caso similar, lo derrotan, pero su esencia maligna perdura debido a su tremenda maldad (realmente, su esencia sobrevive por una serie de motivos que no te voy a desvelar aquí, léete Harry Potter y lo descubrirás). Pero estos son villanos especiales, malvados, que no poseen nada de humanidad en ellos.

Uno de mis antagonistas favoritos es el Conde Fosco, de la novela «La mujer de blanco», de Wilkie Collins. Puede que no la hayas leído, pero te la recomiendo encarecidamente. Es una obra muy interesante, en la que, además de tener uno de los mejores antagonistas, presenta a uno de los personajes femeninos que más me han cautivado (no tiene nada que ver con los antagonistas, pero es que me encanta, esa Marian…).

Muchos subestiman el papel de los antagonistas. Eso da lugar a creaciones que pierden vigor por esa parte, creando una debilidad tan marcada que el lector puede llegar a aburrirse ante un antagonista tan simple. Aunque también encontramos antagonistas que cumplen su cometido, frente a protagonistas demasiado perfectos, que hacen caer la calidad de la obra. Ten cuidado, el protagonista debe destacar, pero en algo concreto, no en todo.

Lo cierto es que los antagonistas son los héroes de su propia historia, y merecen un gran trabajo de nuestra parte. No podemos olvidarnos de ellos y deberíamos dedicar en su desarrollo tanto o más tiempo que en los protagonistas.

Por eso, te voy a presentar ahora los «4 tipos de antagonistas épicos».

El villano clásico:

Es malvado simplemente porque sí, a menudo los denominamos villanos. No poseen ningún rasgo humano. A veces tienen poderes omnipotentes o, en el caso de que sean humanos normales, son muy ricos, carismáticos, fuertes… La presencia de estos antagonistas suele centrarse en historias con el tema del bien y el mal. Podríamos poner como ejemplos a Drácula (Drácula), Sauron (El señor de los anillos), Lex Luthor (Superman), Úrsula (La sirenita), El Terror (La garrapata)…

El antagonista cotidiano:

Puede ser malvado, o simplemente un obstáculo en el camino del héroe. Son humanos, lo que los hace más creíbles como personas y permite a los lectores identificarse o incluso comprenderlos. A veces son muy similares a los protagonistas. Su confrontación nace del hecho de que ambos anhelan lo mismo y eso los convierte en enemigos. Pero no los hace malos, pueden ser buenos, pero menos dignos del premio final.

El antagonista grupal:

En este caso, hablamos de una fuerza antagonista que puede ser una organización, una secta, un gobierno… es parecido al villano clásico, pero en grupo. Hay muchas historias que utilizan este modelo, tanto realistas como fantásticas. Hay una película de Hugh Grant, «Lo que la verdad esconde», donde existe un antagonista grupal, el equipo de investigadores que está realizando prácticas poco éticas y al que se enfrenta el protagonista. Es una película realista y tenemos un antagonista grupal. También tenemos «Los Juegos del hambre», un libro donde vemos un universo distópico, cuyo antagonista es el Capitolio.

El antagonista interno:

A veces, nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Lo que se interpone entre el protagonista y su meta, es su miedo, su odio, su orgullo… aunque el conflicto interno puede estar en algo que ha creado el protagonista y lo atormenta, puede ser físico también.

Podríamos hablar de otros tipos de antagonistas que pueden aparecer en nuestras historias. La naturaleza misma puede estar en contra del protagonista, o la tecnología, un defecto físico, alguien que lastra al protagonista, pero de esto hablaremos en el futuro.

¿Ya sabes qué tipo de antagonista es el mejor para tu obra? Debes trabajar en tus antagonistas tanto o más que en tus protagonistas. Un villano excesivamente malvado, o no lo suficientemente malvado, puede llevar al fracaso nuestra obra. Busca antagonistas que desafíen a los protagonistas y si logras eso, estarás haciendo un buen trabajo.

Ahora que ya conoces los «4 tipos de antagonistas épicos», puedes crear ese gran adversario para el protagonista de tu nueva obra. ¿Y tú, disfrutas escribiendo buenos antagonistas? Puedes dejar tu comentario aquí abajo y si te gusta el blog, no dudes en suscribirte, así no te perderás nada. Un saludo y hasta pronto.

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Cómo elegir al protagonista perfecto para tu historia. Aprende a escribir personajes sólidos.
Aprende a escribir una novela. Tips para escribir al protagonista perfecto.

¿Cómo elegir al protagonista perfecto para tu historia?

Siempre que escribimos, queremos que los lectores adoren a nuestros personajes, especialmente a los protagonistas. Los has creado con todo tu amor y pasión y da miedo dejarlos ahí, para que ojos ajenos los juzguen. Si pudiéramos saber de antemano si nuestro protagonista está bien definido y va a conectar con los lectores, sería fantástico. Pero no existe esa máquina, todavía. Y ¿sabes qué? Que no puedes saber qué pasará cuando saques tu obra a la luz, pero puedes saber si tu protagonista cumple los objetivos o no.

Elegir al protagonista perfecto para tu historia: una tarea esencial

A veces, el éxito o el fracaso de una obra viene de una buena o mala elección de los personajes principales. Elegir al protagonista perfecto para tu historia es, por tanto, una tarea esencial que no debes subestimar. Los protagonistas son el alma de cualquier narrativa, el vehículo a través del cual el lector experimenta los eventos, emociones y conflictos del mundo que has creado.

Primero, es vital que tu protagonista tenga objetivos claros y motivaciones bien definidas. Esto no solo crea una historia más coherente, sino que también permite que los lectores se identifiquen con él o ella, lo que genera un mayor compromiso emocional.

En segundo lugar, el protagonista debe ser tridimensional, con fortalezas, debilidades, deseos y temores que lo humanicen. Personajes planos o unidimensionales son menos propensos a conectar con el público, no importa cuán emocionante sea la trama.

Por último, pero no menos importante, la relación entre el protagonista y los personajes secundarios también es crucial. Estas interacciones aportan profundidad a la historia y ofrecen más dimensiones para explorar, lo que enriquece la experiencia del lector.

En resumen, si quieres que tu obra tenga éxito, dedica tiempo y esfuerzo para elegir al protagonista perfecto para tu historia. Con un personaje principal sólido y bien construido, tienes muchas más probabilidades de captar la atención de los lectores y ofrecerles una experiencia literaria memorable.

Conceptos esenciales para elegir al protagonista perfecto para tu historia

El personaje principal debe soportar el peso de la trama principal

  1. Necesidad de involucrarse en la trama: Los eventos que comienzan a desarrollarse a lo largo de tu historia tienen que atrapar y envolver al protagonista. Si la historia puede acontecer y el protagonista esquivarla con facilidad, es posible que no hayas elegido al personaje apropiado. En otras palabras, tu protagonista tiene que tener una razón para involucrarse y dejar atrás la comodidad. Podemos afirmar que debes darle un propósito muy claro y potente para estar dispuesto a perder su vida tranquila y enfrentarse a un posible fracaso.

No basta con que los eventos simplemente sucedan alrededor del personaje; estos deben impactar de tal manera que el protagonista no tenga más opción que actuar. Ya sea por una necesidad personal, una misión que solo él puede cumplir o incluso una amenaza que le afecte directamente, el protagonista debe estar inextricablemente ligado a los eventos que se desarrollan.

  1. Evolución del personaje: Es crucial que haya un arco de desarrollo claro para el personaje principal. Esto añade profundidad al relato y permite que los lectores vean cómo el protagonista cambia y crece a lo largo de la historia. La evolución del personaje puede manifestarse de muchas formas, como un cambio en sus creencias, la superación de un obstáculo o la realización de una meta personal.
  2. Relatabilidad y complejidad: Aunque es importante que el protagonista sea excepcional de alguna manera (ya sea por su inteligencia, habilidades o incluso su destino), también debe tener características con las que los lectores puedan identificarse. Un protagonista demasiado perfecto puede resultar aburrido o inaccesible, mientras que uno con virtudes y defectos reconocibles será mucho más relatable.
  3. El protagonista y el tema principal de la historia
  • Interacción con el tema principal: El tema principal de la historia es de vital importancia, y tu protagonista tiene que interactuar con él de forma significativa. Podríamos decir que tu historia no podría existir sin tu protagonista, porque es quien se relaciona con todas y cada una de sus partes.
  • Por ejemplo, si tu obra trata el tema del miedo, este sentimiento debe afectar de manera palpable al protagonista. Cada una de sus acciones, decisiones y enfrentamientos debe estar condicionada por esta sensación. No solo le da coherencia y profundidad a la trama, sino que también ayuda a consolidar la conexión emocional con el lector. Imagínate cómo podría desarrollarse la historia: el protagonista, movido por el miedo, toma decisiones cautelosas o incluso evita ciertos enfrentamientos. Sin embargo, a medida que avanza la narración, este personaje aprende a lidiar con su miedo, lo que lo lleva, finalmente, a alcanzar su objetivo o resolución. Así, no solo se establece una conexión emocional con el lector, sino que también se ofrece una vía para explorar el tema central de la obra de una manera más íntima y personal.

Preguntas clave para definir al protagonista perfecto

  • ¿Tu personaje muestra lo que quieres que vea el lector?
    Es a través de los ojos del protagonista que el lector recibe los valores de tu obra. Debes asegurarte de que el tema de tu historia resalte únicamente a través de las acciones y decisiones de tu protagonista, sin necesidad de explicarlo de forma explícita.
  • ¿Tu protagonista muestra el tema de tu obra? ¿Está lo suficientemente bien definido?
    El tema o la moraleja de tu historia debe quedar patente, y generalmente es el protagonista quien tiene la tarea de hacerlo. Si, por ejemplo, tu historia trata sobre la lucha entre el bien y el mal, asegúrate de que este mensaje se refleje en las acciones y dilemas de tu protagonista.
  • ¿Tu protagonista podría ser cualquiera?
    El protagonista no tiene que ser necesariamente el más fuerte o el más habilidoso, pero sí debe ser el único capaz de llevar a cabo la acción que resuelva la trama. Es su unicidad lo que lo convierte en el núcleo de la historia.
  • ¿Has creado un protagonista irreal?
    Un protagonista debe parecer real y humano en el sentido psico-sensitivo, incluso si es un personaje fantástico como un elfo. Debe tener virtudes y defectos, y evitar ser un personaje todopoderoso sin razón aparente, ya que estos no suelen ser buenos protagonistas.

Reflexiones finales

Es esencial tener en cuenta que, aunque en un principio el protagonista pueda verse atrapado o movido por la trama, en última instancia debe ser él quien impulse la historia y la haga avanzar, quiera o no. No es raro que, al desarrollar una historia, descubras que el personaje que tenías en mente como protagonista inicialmente no es el más adecuado. En esos casos, es crucial estar dispuesto a hacer los cambios necesarios.

También es importante tener cuidado al crear personajes que simplemente nos gusten como escritores, pero que no encajan bien en la trama o no resuenan con los lectores. La historia podría ser sólida, pero un elenco de personajes mal integrado puede alejar a los lectores.

Y después de abordar todos estos puntos, ¿te sientes más preparado para elegir al protagonista perfecto para tu historia? Si tienes más ideas o enfoques distintos, no dudes en dejarnos tus comentarios aquí abajo. Tu participación es crucial para nosotros, pues nos ayuda a mejorar y ganar visibilidad, permitiéndonos continuar ofreciendo contenido de calidad de forma gratuita.

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