Consejos para escritores + Cómo escribir un libro

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Escribe como siempre has querido.

Cómo corregir un texto literario sin perder la fe (ni el estilo)

Muchos creen que el acto de escribir termina cuando uno teclea la última palabra y guarda el archivo con un suspiro satisfecho. Como si el texto ya estuviera listo para ver la luz, vestidito y perfumado, esperando al lector en la puerta. Pero no. Ahí no termina nada. Ahí empieza la parte real del trabajo.

La revisión —ese momento temido, ignorado o postergado— es donde el escritor se gana su carnet de profesional. Porque lo que sigue después del primer borrador no es un paseo: es una reescritura constante, una cirugía literaria a corazón abierto y sin anestesia, donde a veces el paciente (el texto) no sobrevive… pero tú, escritor, sí, tranquilo, verás que puedes seguir adelante.

El problema es que nadie te advierte que vas a pasar más tiempo puliendo que escribiendo. Que tu novela soñada puede volverse un campo de batalla entre lo que quisiste decir y lo que realmente dijiste. Que corregir duele, cansa, aburre… pero también afila, eleva y transforma.

La buena noticia: es ahí, justo en esa fase ingrata, donde nace el verdadero texto. Ese que no sólo se deja leer, sino que deja huella.

1. La primera versión: una brújula, no un mapa

Escribir el primer borrador es como lanzarse a explorar una isla misteriosa sin un mapa, sólo con una brújula emocional que más o menos apunta a lo que quieres contar. A veces llegas a una playa hermosa. Otras veces te caes en una zanja de adjetivos inútiles. Pero no importa: lo importante es avanzar.

Ese primer texto no está para ser perfecto. Está para existir. Está para manchar la página con todas esas ideas que se han estado revolviendo en tu cabeza. Y como todo lo que nace en bruto, viene con fallos: personajes inconsistentes, diálogos que parecen sacados de un ensayo escolar, frases que en el momento parecían brillantes pero que al día siguiente dan vergüenza ajena.

Lo esencial es entender esto: la primera versión no se juzga, se celebra por su atrevimiento. Porque sin ella no hay nada que corregir, nada que mejorar. El verdadero error del escritor novato no es escribir mal, sino pensar que lo que escribió está bien a la primera. Y si eso te duele, enhorabuena: ya estás creciendo.

Así que sí, escribe tu primer borrador con libertad, incluso con desparpajo. Pero no te engañes: lo que tienes entre manos no es un mapa, es apenas la brújula. Y el viaje acaba de empezar.

Piensa como un escultor, si llegas cuando empieza, verás un trozo de piedra llena de lascas mal pulidas, con una forma evidente, pero tosca, fea, un diamante en bruto… pues eso es tu primer borrador.

2. Leer con ojos ajenos (aunque sigan siendo los tuyos)

Una vez terminado el primer borrador, lo peor que puedes hacer es leerlo enseguida. ¿Por qué? Porque todavía estás demasiado enamorado de él. Es como intentar juzgar objetivamente una cita mientras sigues bajo el efecto del vino y el entusiasmo. Spoiler: todo parece mejor de lo que realmente es.

Dejar reposar el texto unos días (o semanas, si tienes ese lujo) es esencial. Te permite volver con otros ojos. No los de un autor apasionado, sino los de un lector cruel y lúcido. El tipo de lector que subraya con rabia cada frase inflada, que detecta inconsistencias como si oliera la sangre en el agua. Ese lector que eres tú, pero menos iluso.

En esta etapa, el escritor se convierte en editor, y eso implica tomar decisiones difíciles: cortar escenas enteras, reescribir personajes, admitir que ese diálogo que tanto te gustaba suena como una telenovela mal doblada. Es también el momento de preguntarse, sin miedo al ego: ¿esto sirve para contar la historia o sólo está aquí porque me hace sentir inteligente?

Y sí, llega el temido momento de “sacrificar lo que más quieres”. Frases ingeniosas que no aportan, metáforas brillantes que sobran, párrafos enteros que sólo funcionan en tu cabeza. Aferrarte a ellos no hace mejor a tu texto, sólo lo hace más confuso. Y el lector —ese ser impaciente y malhumorado— no va a perdonártelo.

Revisar con frialdad no es traicionarte: es respetar tu historia lo suficiente como para no dejarla en manos del entusiasmo. Es aprender a ser tu propio lector ideal… o al menos, tu primer enemigo útil.

3. Las capas de revisión

Revisar un texto no es una acción única y gloriosa. Es un proceso en capas, como una lasaña literaria, donde cada nivel tiene su propia lógica, su propia dificultad y su propio potencial para arruinarte la noche.

La revisión no se hace “de una pasada”. Eso es como intentar limpiar una casa sólo barriendo el centro del salón. Vas a tener que volver una y otra vez. Y sí, vas a encontrar cosas peores cada vez que lo hagas. Querías ser escritor, ¿no?

Primera capa: estructura.
¿La historia tiene sentido? ¿Hay un principio claro, un desarrollo coherente y un final que no parezca salido de una reunión de emergencia? Aquí se trata de grandes movimientos. Escenas que sobran. Saltos temporales sin lógica. Subtramas que no llevan a ninguna parte. El objetivo: que el texto funcione en su esqueleto.

Segunda capa: ritmo.
Una novela no es una carrera de velocidad ni una caminata eterna. Es ambas cosas, alternando. Aquí debes asegurarte de la cadencia de los párrafos, los cambios de tono, los silencios. ¿Hay momentos que se arrastran? ¿Otros que van demasiado rápido? ¿Estás aburriendo o mareando al lector? Si no lo sabes, probablemente estás haciendo ambas cosas.

Tercera capa: estilo.
Ahora viene lo fino. Pulir frases, buscar sinónimos, eliminar repeticiones, acortar oraciones. Es como cortar el exceso de tela de un traje: cada palabra innecesaria es un bulto. Aquí también es donde encuentras esas joyas escondidas que puedes potenciar… y las frases que creías geniales, pero que en realidad suenan como autoayuda con pretensiones. Pero si te esfuerzas, lograrás darles una vuelta y convertirlas en oro puro.

Cuarta capa: gramática y ortografía.
Ah, lo temido. Lo menos glamuroso. Pero si dejas esto para el final (y deberías), evitarás corregir comas en párrafos que luego vas a eliminar por completo. Aquí se busca precisión quirúrgica: tildes, puntuación, normas de estilo, concordancia, y esa coma criminal que cambia el sentido de toda una oración. Porque sí, tres tildes mal puestas pueden hacer que tu texto parezca escrito en estado de posesión demoníaca.

Revisar en capas mejora el texto y también te salva la salud mental. Te da objetivos específicos y te impide caer en el limbo de la “edición eterna”, donde corriges sin saber qué estás corrigiendo. Porque hay algo peor que un texto mal escrito: un texto mal editado que cree que ya está listo.

4. El ego en el proceso: ese animal que hay que domar

Reescribir exige una cualidad poco común en los aspirantes a genios: humildad. Sí, esa palabra incómoda que suena a renuncia, pero que en realidad es la puerta de entrada al oficio real del escritor. Porque una cosa es escribir impulsado por la inspiración, y otra muy distinta es aceptar que buena parte de lo que escribiste, con tanto amor, no vale ni para pie de página.

El ego se manifiesta de muchas formas sutiles durante la revisión: “Ese adjetivo suena muy poético, seguro al lector le encantará” (no le encantará). “Ese monólogo interno es largo, pero dice mucho de mí” (también dice que no sabes editar). “No voy a borrar esa escena, me costó mucho escribirla” (el lector no estaba ahí para aplaudir tu esfuerzo).

Hay que entender esto: cortar no es perder. No es amputar tu talento, ni hacerle daño a tu alma de artista. Es despejar el camino para que la historia respire, para que cada palabra tenga un propósito. Reescribir es una poda creativa: cuanto más cortas lo innecesario, más florece lo esencial.

Domar al ego significa aceptar que el texto no eres tú. Que corregirlo no es corregirte a ti, sino pulir el vehículo que va a llevar tu historia al mundo. Y a veces eso implica decir adiós a tu escena favorita, a esa metáfora que te hizo sentir Borges por un segundo, o a ese personaje secundario que amabas pero que no pinta nada.

¿Duele? Claro. ¿Es necesario? Siempre.
Porque si no eres capaz de ser cruel contigo mismo en la revisión, tranquilo: el lector lo será por ti.

5. El lector ideal, ese fantasma útil

Revisar un texto sin pensar en el lector es como preparar una cena gourmet y luego comértela solo en la oscuridad. Puede ser una experiencia mística, pero probablemente nadie más quiera repetirla. Y eso es un problema si tu plan es, no sé, que alguien lea lo que escribiste.

El lector ideal no eres tú. No tiene tu contexto, tu mapa mental, tu devoción por los juegos de palabras. No sabe lo que quisiste decir, sólo ve lo que dijiste. Y lo más probable es que no tenga tiempo, ni paciencia, ni ganas de descifrar tus frases laberínticas como si fueran un crucigrama espiritual.

Tu trabajo, al revisar, es invocar a ese lector fantasma. Imaginar cómo reaccionará. ¿Se pierde? ¿Se aburre? ¿Se ríe cuando debe o se ríe de ti? Si no puedes responder con un “sí” rotundo a preguntas como “¿entiende esto?”, “¿le importa esto?”, “¿seguirá leyendo después de este párrafo?”… entonces es momento de tomar el bisturí y operar de nuevo.

No se trata de escribir para complacer, sino de escribir con claridad, intención y respeto por la experiencia del otro. Nadie te debe su atención. Cada línea es un contrato: si lo rompes, el lector se va. A otro libro, a otra pantalla, a otra distracción con menos pretensiones.

El lector ideal es exigente, impaciente, pero justo… y a veces injusto, la verdad. No te pide perfección, te pide sentido. Te pide ritmo. Te pide que no le hagas perder el tiempo. Si lo escuchas con atención, tu texto te lo va a agradecer. Y puede, sólo puede, que ese fantasma se convierta en un lector real.

El oficio invisible que hace la diferencia

La corrección no es el backstage de la escritura, es el verdadero escenario. Es el lugar donde las palabras se ganan el derecho a quedarse. Donde se deja de ser sólo un autor con ideas y se empieza a ser un escritor con criterio.

Revisar es la parte menos visible del proceso, pero también la más necesaria. Y aunque pocos la celebran, es ahí donde se forja la voz, la forma, y la fuerza de cualquier texto que merezca ser leído.

Así que la próxima vez que termines un borrador y sientas que has llegado al final… recuerda que en realidad estás en el comienzo del verdadero trabajo. Y sí, probablemente implique borrar esa frase que te encantaba. Pero también te hará crecer. Y eso, aunque no se publique, también cuenta. Empieza a pensar que escribir no es terminar tu borrador, es esto, sentarte a examinar con lupa y con precisión eliminar, pulir y retocar todo lo necesario.

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No quiero sólo visitantes: quiero cómplices. Así que habla conmigo, aunque sea para decir que odias corregir tanto como yo. Te leo.

Decálogo del Escritor (o de quien se atreve a intentarlo)

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Photo by Leah Newhouse on Pexels.com

Para celebrar que este es el post número 100 del blog he querido buscar algo un poco más especial y personal y después de mucho pensar, me decidí por este decálogo. No es que después de leerlo te vayas a convertir en Cervantes, pero al menos tienes un espacio donde ver que no estás solo y que el camino del escritor es igual para todos. Lo que cambia es la suerte que nos acompaña, que es la que hará que unos tengan éxito y otros no.

Quería darte las gracias a ti, que siempre has estado ahí detrás de la pantalla, haciendo posible que este blog haya llegado hasta aquí.

Así que vayamos ya con estas diez cosas que como escritor debes conocer y que seguro que te hacen sentir comprendido, al menos un poquito más.

1. No te empeñes en ser original.
La obsesión por la originalidad es la primera trampa. ¿Realmente piensas que nadie ha escrito sobre el amor, la muerte o el insomnio antes que tú? No te preocupes: serás original por accidente. Cada palabra, aunque ya gastada, lleva tu huella, y eso es suficiente. La mejor forma de alcanzar este estado es escribiendo. Escribiendo cada día, cada idea que tengas. Si quieres ganar músculo, tienes que repetir una y otra vez los mismos ejercicios. Pues ya sabes, escribe, no dejes de hacerlo nunca y verás que un día, alcanzas tu propio estilo.

2. Prepárate para las miradas desconcertadas.
Explicar que “escribes” como ocupación provoca en algunos la misma cara que si dijeras que buscas unicornios en los montes. Así que ve preparando una lista de respuestas breves y contundentes para cuando te pregunten: “¿Pero de qué vas a vivir?”. Uno puede vivir de muchas cosas. Puede trabajar en algo diferente y además escribir. Todos los que escribimos querríamos poder ganarnos así la vida. No es algo fácil, pero no pienses que es imposible. Siempre tendrás que complementar tu escritura con otra actividad, pero puedes buscar una relacionada con eso de escribir. Y si tienes suerte, ¿quién sabe si darás un buen pelotazo con tu novela y podrás vivir de ella?

3. La inspiración no existe, pero la disciplina es una broma pesada.
Hablar de inspiración como algo espontáneo está pasado de moda; aquí lo que toca es sentarse y escribir, con o sin ganas. Y, sin embargo, sí, habrá días en los que la disciplina te parezca tan esquiva como la misma inspiración. Todo escritor acaba siendo un poco masoquista. Yo pienso que la inspiración existe, sí, pero es como una ola que te ayuda a llegar antes a la orilla. Con trabajo, puedes compensar la falta de inspiración. Entrena la escritura a diario, y pronto verás que esos días en los que falta no serán tan dramáticos.

4. Ama el caos (con moderación).
A tus ideas les gusta aparecer cuando menos lo esperas. Hazte amigo del caos, pero no demasiado: lo ideal es ser desordenado en lo creativo, pero organizado en los archivos, que ya sabemos cómo se pierde el gran manuscrito por no saber en qué carpeta guardaste “borrador_final_finalísimo2.docx”.

Tu mente tiene que ser caótica, el resto no. Yo debo ser la reina del caos. Mis escritorios, el virtual y el físico… mejor no hablo mucho de ellos. No sé, me gusta el caos. Debe ser que disfruto perdiendo cosas y pasando diez minutos buscando eso que escribí ayer y no encuentro.

5. Aprende a querer a tus personajes… aunque a veces te agoten.
Tus personajes te acompañarán día y noche, con sus manías y defectos, hasta que el texto los suelte. Los odiarás, los querrás matar, los harás pasar por las peores situaciones, y al final les pedirás perdón. Es un síndrome de Estocolmo en toda regla.

Además tienes que crear personajes que aguanten otros, porque si tú no los soportas, imagina un lector. No quiere decir que, si el personaje es odioso, tú tengas que hacerlo amable, no. Se trata de que si escribes personajes que no son sólidos, que no se sostienen, el lector lo notará. Y si le coges manía, eso también lo sentirá al leer y dará muy mala sensación.

6. No te encariñes con tus frases favoritas.
Es un golpe duro, pero alguien tenía que decírtelo: esa frase que te parece una obra maestra… probablemente no lo sea. O quizá sí, pero si no aporta nada al texto, tendrá que irse. La belleza también se sacrifica en el altar de la narrativa.

Es muy duro eliminar una parte de tu historia. Con las imágenes tan bellas que has tejido con palabras, ¿verdad? Pues te aguantas. Es así. Para que un árbol crezca y de muchos frutos, hay que podar. Eliminar esas hojas tan bonitas y verdes que parecen tan sanas. Y si quieres que de mucha fruta, también debes eliminar algunas flores, con esos colores y esa delicadeza… lo haces por la obra, por su futuro y el tuyo. ¿Acaso no matas personajes sin dudarlo? Pues eliminar lo que sobra es mucho más importante que eso, así que, endurece tu corazón y sostén el bisturí cuando corrijas y elimina de raíz todo aquello que sobra.

7. Practica el arte de la relectura selectiva.
¿Ese relato que escribiste hace dos años? Es basura, ¿verdad? La escritura es un viaje constante hacia la mejora, y no necesitas recordarte cada error del pasado. Lee para aprender de tus errores; no te quedes con lo que fuiste, porque seguro que ahora eres mucho mejor. Eso que escribiste lo hizo otro escritor, uno inexperto que no sabía nada de la escritura ni de contar historias.

8. Los bloqueos no son tragedias griegas (aunque lo parezcan).
No, el bloqueo no es el fin de tu carrera. No eres el primer ni el último escritor en quedarse en blanco. A veces es sólo una señal de que necesitas distancia, o una buena taza de café, o, sinceramente, un paseo que dure más de diez minutos. Pero no te creas que es sólo cosa tuya, no. Todos lo sufrimos, lo que pasa es que algunos hemos aprendido a vencerlo. Es como esos días que no quieres ir al gimnasio. Esos son los días en que tienes que dar el doble. Porque si de verdad quieres ser escritor, debes darlo todo. Nada te impide escribir más que tú mismo. ¿Qué vas a escribir pura mierda esos días? Lo más probable. Pero escribirás, verás como sí lo haces. Y lo mismo escribes quinientas palabras de bazofia infumable, pero de repente, empiezas una frase y la terminas y te das cuenta de que es perfecta. Escribe, que nada te detenga, ni tú mismo.

9. Acepta que no todos entenderán tu pasión.
No todo el mundo sabe valorar una página bien escrita o una historia que te desvela. Deja que piensen que es un hobby o una manía inofensiva; mientras tanto, tú sigue escribiendo. Y reserva las conversaciones profundas sobre literatura para otros locos como tú.

No vas a convencer a nadie de tu talento porque se lo digas. A quienes tienes que convencer es a tus lectores y para eso tienes que escribir tanto como puedas. Ya sabes que ser escritor no será fácil y que mucha gente no lo entenderá. Por eso lo tienes que tener muy claro y luchar por ello.

10. Y, sobre todo, escribe para ti.
Que las críticas, las dudas y las inseguridades no te hagan olvidar por qué empezaste a escribir. Escribe porque es lo que te hace sentir vivo, aunque a veces te deje agotado. Porque, al final, si no disfrutas de tus propias palabras, ¿quién lo hará?

Yo no sé por qué empezaste a escribir tú, yo lo hice porque quería contar una historia a mi manera. Recuerdo que había una leyenda en mi colegio, que más tarde se convirtió en instituto y que antiguamente fue un internado. Era una leyenda urbana de esas con un fantasma que dejaba una luz encendida. Yo leía mucho terror y pensé en qué había provocado que ese fantasma se quedara allí. Así que me puse a escribir la historia que llevó a eso. Y era mierda, sí, pero me sirvió como puente para escribir otras cosas. Y poco a poco me fue gustando más que leer, incluso.

Y si has llegado hasta aquí, muchas gracias. Infinitos monos lleva funcionando ya algunos años y sois muchos los que me habéis escrito al email para preguntarme sobre escritura. Comentáis menos de lo que me gustaría, pero bueno, no se puede tener todo. Sois unos lectores maravillosos que me hacéis sentir útil y me encanta que me contéis si os ayudan mis artículos y mis guías.

Ha sido un placer llegar hasta aquí, este es mi artículo 100 y espero seguir aquí para celebrar el 200 y que vosotros lo leáis.

Un saludo y muchas gracias por acompañarme,

Lola

Por qué escribir en comunidad te hará mejor escritor

¿Escribir solo es la única opción? Spoiler: No, y una comunidad de escritores te lo demostrará

«Ah, la imagen del escritor solitario.»

Tú, en tu rincón, con una taza de café (o de té, si eres de los míos), dejándote consumir por las palabras y esperando la visita de las musas. Nadie te entiende, sólo tú y tus personajes. Es ese romanticismo del escritor incomprendido, la imagen que nos venden en las películas: el escritor brillante que, por supuesto, sólo necesita estar a solas, en una habitación oscura para producir la próxima gran obra maestra. Todo muy poético, ¿verdad?

Pero la realidad no es tan bonita. Para muchos, esos momentos de “inspiración solitaria” se ven interrumpidos por largas horas de mirar la pantalla en blanco, golpeando teclas sin sentido, preguntándote por qué demonios te metiste en este lío de escribir, en primer lugar. Y si estás aquí, leyendo esto, lo más probable es que ya hayas experimentado esa sensación de aislamiento, donde te preguntas si lo que estás haciendo tiene algún valor o si deberías dedicarte a otra cosa. Spoiler: todos hemos pasado por ahí.

Y es que la soledad puede ser reconfortante… hasta que deja de serlo. Porque, seamos sinceros, el aislamiento total rara vez genera ideas brillantes. La escritura es un arte, sí, pero también es un proceso lleno de dudas, inseguridades y, sí, bloqueos (ese temido momento en el que parece que las palabras se han ido de vacaciones sin ti). Y aquí es donde entra la verdadera revelación: ¿y si te dijera que estar rodeado de otras personas creativas no sólo no es una herejía, sino que puede ser lo mejor que le pase a tu proceso de escritura?

Suena raro, lo sé. La idea de compartir tus pensamientos y trabajos con otros, de exponerte a opiniones ajenas, puede asustar. Porque, claro, estamos acostumbrados a pensar que escribir es algo muy personal, un proceso que debemos hacer solos, casi como una misión divina que sólo nosotros podemos cumplir. Pero, déjame decirte una cosa: escribir en comunidad puede cambiarlo todo.

Y no me refiero a que te sientes en un café lleno de gente mientras intentas concentrarte en tus pensamientos (aunque, si eso funciona para ti, adelante). Me refiero a tener un grupo de personas con quienes compartir tus ideas, recibir feedback y simplemente no sentirte solo en este viaje de locos que es la escritura. ¿Te imaginas lo que sería tener un espacio donde puedes debatir sobre ese personaje que no acaba de cuajar o esa trama que no sabes cómo cerrar? Un lugar donde otros escritores te entiendan, porque están en el mismo barco que tú.

Sé que la imagen del escritor solitario es muy atractiva. Pero, ¿y si te dijera que ser parte de una comunidad de escritores es aún mejor? No te preocupes, no vas a perder ese rincón íntimo donde tus personajes y tú se encuentran, pero quizás encuentres algo incluso más valioso: el apoyo, la inspiración y la motivación que una comunidad puede ofrecerte.

¿Cuántas veces te has bloqueado?

Déjame hacerte una pregunta: ¿cuántas veces has intentado salir de ese bloqueo por tu cuenta? Seguro que has probado de todo: cambiar de entorno, poner tu música favorita, darte un paseo por la calle… y sí, a veces funciona, pero otras veces te quedas exactamente en el mismo punto, con esa sensación de que no importa lo que hagas, la inspiración no va a regresar por sí sola.

Aquí es donde entra la magia de una comunidad de escritores. Porque, aunque te guste pensar que solo tú puedes salvar tu historia (lo sé, nos pasa a todos), la realidad es que a veces necesitas una perspectiva externa. Alguien que venga, te dé una patada suave (figurativa, claro) y te diga: «Oye, ¿y si lo miras desde este ángulo?».

Y ahí está el truco: muchas veces estamos tan metidos en nuestra propia cabeza, tan involucrados en nuestra historia, que dejamos de ver las opciones evidentes.

Lo curioso de las segundas opiniones es que te sacan de tu propia perspectiva limitada y te muestran que hay otras maneras de abordar un problema. Lo que para ti parecía una pared insalvable, para otro puede ser sólo un obstáculo fácil de esquivar. Y lo mejor es que no necesitas que te den la solución completa (¡aunque a veces ocurre!); basta con que te den una pequeña chispa, una nueva dirección, para que el bloqueo empiece a deshacerse.

Piénsalo: ¿cuántas veces has compartido una idea, esperando un simple comentario, y has recibido una respuesta que te hace replantearte toda la escena? Ese es el poder de las segundas opiniones: son refrescantes, a veces sorprendentemente simples, y, lo mejor de todo, te sacan del agujero en el que estabas metido.

Por eso, tener una comunidad de escritores que pueda ofrecerte ese feedback sincero y sin filtros puede ser lo que necesitas.

Feedback sincero (y necesario): No todo es perfecto, pero eso está bien

¿Te ha pasado alguna vez que terminas un capítulo y piensas: «Esto es oro puro», que has dado con la idea del siglo, la trama del milenio? Te acuestas con esa satisfacción de haber escrito algo brillante y, al día siguiente, te levantas con una sonrisa de autosuficiencia. Pero luego lo relees… y te preguntas en qué momento se te ocurrió que esa chapuza era una obra maestra.

Sí, escribir es así. Nos juega malas pasadas. En un momento estás flotando en una nube de autocomplacencia, y al siguiente te estrellas contra el suelo con la dura realidad: tal vez no es tan bueno como pensabas. Y no pasa nada, aunque tú creas que se acabó todo para ti.

Porque, seamos realistas, nadie escribe algo perfecto a la primera. No tú, ni yo, ni el autor de ese best-seller que tanto te gusta. El primer borrador es, como suele decirse, sólo eso: un borrador. Y como todo borrador, está lleno de pequeñas (o grandes) imperfecciones. Ahí es donde entra en juego una de las herramientas más valiosas para cualquier escritor: la opinión sincera.

Ahora bien, no hablo de esas opiniones en las que todo el mundo te dice lo maravilloso que es tu texto. Porque, aunque reconfortante, eso no te ayuda a mejorar. Lo que necesitas es esa crítica constructiva que, aunque duela un poquito, te empuja a dar lo mejor de ti. Ese feedback que te hace replantear tus decisiones narrativas, que señala los puntos débiles que tú, inmerso en tu propia historia, no habías visto.

Imagina esta escena: acabas de escribir una escena clave y estás convencido de que es lo mejor que has hecho. Se lo envías a un amigo escritor en busca de feedback, esperando que te diga lo genial que es. Pero en lugar de eso, te dice: «Está bien, pero la motivación del personaje aquí no tiene sentido» o «Este diálogo suena un poco forzado». Y tu primera reacción, por supuesto, es negarlo en tu mente. «¿Cómo que no tiene sentido? ¡Está clarísimo!»

Pero luego te tomas un momento, respiras hondo y lo miras desde otra perspectiva. Y, ¡oh sorpresa! Tu amigo tenía razón. Tal vez ese diálogo sí suena un poco forzado. Tal vez esa escena sí necesita ajustes. Y es ahí cuando te das cuenta de la importancia de tener a alguien que te diga las cosas tal como son, sin edulcorarlas. Porque mejorar como escritor implica aceptar que no todo lo que escribes es perfecto, y que está bien así.

El feedback sincero es como un espejo que te obliga a ver tu obra desde un ángulo que habías ignorado. Y aunque en el momento pueda ser un golpe para el ego, es lo que te ayudará a crecer, a ser mejor. Porque, al final, la escritura no se trata de impresionar a los demás con palabras bonitas, sino de contar una historia que tenga sentido, que esté bien construida y que le diga algo a los lectores.

Puedes seguir escribiendo en tu rincón, pensando que todo lo que haces es perfecto, pero si no te enfrentas a la crítica constructiva, nunca verás dónde podrías mejorar.

Así que la próxima vez que alguien te diga: «Esto está bien, pero puedes hacerlo mejor», en lugar de sentirte herido, agradece esa ducha fría. Tu historia, y tú, lo agradeceréis.

No todos ven el mundo como tú (y menos mal)

A veces, cuando te sumerges en tu propio proceso creativo, es fácil caer en la trampa de pensar que tu forma de ver el mundo es la única válida. Después de todo, tú conoces a tus personajes, tu trama y tu universo mejor que nadie, ¿verdad? Pero permíteme ser un poco directa aquí: no es así. Y menos mal.

La realidad es que cada uno de nosotros vive la vida desde su propio filtro, basado en nuestras experiencias, creencias, y esa mezcolanza de factores que nos hacen ser quienes somos. Y si bien eso puede ser lo que hace tu escritura única, también puede convertirse en una limitación. Porque, por más que te esfuerces, no puedes verlo todo. No puedes prever todas las reacciones posibles, ni anticipar cómo una historia puede impactar en alguien que viene de un contexto completamente distinto al tuyo. Igual no entiende lo que querías decir y debes abordarlo de otra forma para que todos lo entiendan.

A veces, escribir puede ser un acto solitario, sí. Pero contar historias no debería serlo. Porque las mejores historias, las que realmente conectan con los lectores, son aquellas que reconocen que no todos vemos el mundo de la misma manera. Hablo de las diferentes formas de ver el mundo, de las distintas maneras de interpretar una situación, un conflicto o incluso una emoción. Tu deber como escritor es aspirar al arquetipo. Busca siempre que tus historias sean universales y escribirás obras que vivan años.

Es curioso, porque al principio, puede que te dé un poco de miedo compartir tu trabajo y recibir comentarios que cuestionen tu visión. Pero, al final del día, es eso lo que hará que tu historia brille con más fuerza. Esa capacidad de aceptar que no todos ven las cosas como tú, y de integrarlo en tu narrativa, es lo que te convertirá en un mejor escritor.

Porque no siempre es fácil

Hablemos claro: escribir no es siempre divertido. Hay días en los que las palabras fluyen como un río caudaloso, y te sientes como si pudieras conquistar el mundo con tu historia. Pero, llega el día, que será la excepción, no la regla, pero llegará. La mayoría de las veces, escribir es más bien como tratar de sacar agua de un pozo seco: frustrante, agotador y lleno de dudas. Y cuando esos días malos se acumulan, es imposible no preguntarse por qué demonios lo haces.

Esos momentos en los que te miras al espejo y piensas: «¿De verdad quiero seguir con esto? ¿No sería más fácil dejarlo todo y dedicarme a la jardinería o, no sé, a coleccionar bolsas de té?» Sí, lo sabemos, todos hemos estado ahí.

Escribir no es fácil, nunca lo ha sido. No importa cuántos manuales de escritura leas ni cuántos trucos intentes aplicar para mejorar tu productividad, siempre habrá momentos de agotamiento, de frustración, de duda. Y es normal. Es parte del proceso. Pero lo que realmente marca la diferencia es cómo lidias con esos momentos.

Y aquí es donde tener una comunidad de escritores a tu alrededor puede cambiarlo todo. Porque cuando estás solo, lidiando con tus inseguridades, es fácil sentir que eres el único que lo pasa mal. Que todos los demás escritores están disfrutando del proceso y tú eres el único que sufre. Pero la verdad es que no estás solo en esto. Todos pasamos por lo mismo. Y tener una comunidad que entienda lo que sientes puede ser un verdadero salvavidas.

No es sólo  recibir consejos sobre cómo mejorar tu escritura. A veces, lo que necesitas no es que te digan cómo solucionar un problema técnico. Lo que necesitas es que alguien te diga: «Tranquilo, esto también pasará». Saber que hay otros que han pasado por lo mismo y han salido adelante es un consuelo enorme. Porque cuando te sientes agotado, cuando las dudas te abruman, lo último que necesitas es sentir que estás solo en ello.

La escritura puede ser un acto solitario, pero no tienes que lidiar con todo el peso emocional por tu cuenta. Cuando formas parte de una comunidad de escritores, tienes la oportunidad de compartir tus frustraciones, tus miedos, tus dudas, con personas que realmente lo entienden. Y, lo más importante, tienes a gente que te puede dar esa palmada en la espalda cuando más lo necesitas. Porque a veces lo que más necesitamos no es un consejo técnico, sino saber que no somos los únicos que estamos luchando.

¿Listo para plantar tus historias con otros?

La escritura puede ser solitaria, pero no tiene por qué serlo. Sí, claro, a veces necesitas esos momentos a solas con tus personajes, encerrado en tu mundo. Pero, como hemos visto, escribir no tiene por qué ser un viaje solitario y oscuro. Encontrar una comunidad de escritores es como descubrir un invernadero, un espacio donde tus ideas, tus dudas y tus historias pueden crecer y florecer bajo el cuidado adecuado. Un lugar donde, cuando sientas que no puedes más, habrá otros jardineros de palabras listos para ofrecerte ese riego de motivación o esa luz de perspectiva que te hacía falta.

Escribir es un proceso largo, lleno de altos y bajos, y lo último que necesitas es hacerlo en completo aislamiento. Al final escribir es algo que harás solo, pero también es escribir detenerte a pensar en tu historia, en tus personajes, en la trama…

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Conflictos Internos y Externos

Tejiendo la Trama de Nuestros Personajes

Hoy nos adentraremos en un tema fascinante y crucial en cualquier narrativa: los «Conflictos Internos y Externos». En este viaje, exploraremos cómo estos conflictos no solo impulsan la trama sino también moldean y transforman a nuestros personajes.

¿Qué son los Conflictos Internos y Externos?

Primero, aclaremos nuestros términos. Los conflictos externos son aquellos que ocurren fuera del personaje, involucrando a otros personajes, la sociedad, la naturaleza, o el destino. Por otro lado, los conflictos internos se libran dentro de la psique del personaje, incluyendo luchas emocionales, éticas, o espirituales.

Conflictos Externos: El Mundo Contra el Personaje

Naturaleza y Definición

Los conflictos externos son aquellos que se desarrollan fuera del ámbito interno del personaje. Son las fuerzas oponentes que vienen del mundo exterior: otros personajes, la sociedad, la naturaleza, o incluso el destino. Estos conflictos son visibles, palpables y a menudo tangibles.

Tipos de Conflictos Externos

  1. Personaje vs Personaje:

Aquí encontramos la lucha clásica entre protagonista y antagonista. Pero va más allá, incluyendo rivalidades, enemistades o alianzas rotas. Estos conflictos son fundamentales para crear tensión y desarrollo en la trama.

  1. Personaje vs Sociedad:

Aquí, el personaje se enfrenta a normas culturales, leyes, o sistemas políticos. Este tipo de conflicto es excelente para explorar temas más amplios, como la injusticia social, la rebelión, o la lucha por el cambio.

  1. Personaje vs Naturaleza:

Este conflicto pone a nuestro personaje contra elementos naturales: tormentas, desiertos, montañas, o animales salvajes. Son comunes en historias de supervivencia y aventura, donde la naturaleza misma es un personaje formidable.

  1. Personaje vs Destino:

Aquí, el conflicto radica en una lucha contra un destino aparentemente inmutable, ya sea predeterminado por fuerzas sobrenaturales o por circunstancias inevitables.

Conflictos Internos: La Batalla Dentro del Personaje

Naturaleza y Definición

Los conflictos internos ocurren dentro de la mente y el corazón del personaje. Son luchas psicológicas, emocionales, éticas o espirituales que definen y moldean el viaje interno del personaje. Estos conflictos son subjetivos y a menudo invisibles para otros personajes dentro de la historia.

Tipos de Conflictos Internos

  1. Conflictos Emocionales:

En estos conflictos, el personaje lucha con sus propios sentimientos, como el amor, el miedo, la culpa o la vergüenza. Estos conflictos son cruciales para el desarrollo emocional del personaje y para crear una conexión profunda con el lector.

  1. Conflictos Éticos y Morales:

Aquí, el personaje se enfrenta a dilemas morales o éticos, donde las decisiones correctas no son claras y a menudo tienen consecuencias significativas. Estos conflictos son ideales para explorar la complejidad de la moralidad humana.

  1. Conflictos Espirituales o Ideológicos:

Estos conflictos implican cuestiones de fe, creencias y valores. Pueden surgir de crisis de fe, luchas internas sobre la identidad, o conflictos entre lo que el personaje cree y lo que la sociedad dicta.

La Simbiosis entre Conflictos Internos y Externos

Lo más fascinante ocurre cuando los conflictos internos y externos se entrelazan. Un personaje puede enfrentar un desafío externo (como una sociedad opresiva) que refleja y exacerba su conflicto interno (como la lucha por la propia identidad). Esta interacción crea una rica tela de araña de tensiones y dilemas, ofreciendo una narrativa más profunda y envolvente.

La Importancia de los Conflictos en la Narrativa

Impulsando la Historia

Sin conflicto, no hay historia. Sí, así de simple y dramático. Los conflictos son el motor que impulsa la trama, creando tensión, suspense, y ese irresistible gancho que mantiene a los lectores pasando páginas a altas horas de la madrugada.

Desarrollando Personajes

Los conflictos son como el gimnasio para los personajes. A través de ellos, los personajes crecen, se fortalecen, aprenden, y se transforman. Un personaje que no enfrenta conflictos es como una taza de café sin café: vacío y decepcionante.

Creando Conflictos Externos

Conflictos con Otros Personajes

La clásica lucha del bien contra el mal, el héroe contra el villano. Pero no nos limitemos a esto. Los conflictos pueden ser más sutiles y complejos: rivalidades, malentendidos, competencias, amores prohibidos.

Conflictos con la Sociedad

Aquí hablamos de un personaje contra el mundo. Puede ser una lucha contra normas sociales opresivas, un sistema corrupto, o una cultura que no comprende al personaje. Estos conflictos a menudo reflejan críticas o comentarios sobre la sociedad real.

Conflictos con la Naturaleza o el Entorno

El personaje versus la naturaleza salvaje, desastres naturales, o incluso el espacio exterior. Estos conflictos son geniales para historias de supervivencia y aventuras, donde el entorno se convierte en un antagonista formidable.

Creando Conflictos Internos

Conflictos Emocionales

Amor, odio, miedo, culpa… los conflictos emocionales son un rico campo de exploración. ¿Qué pasa cuando un personaje ama a alguien que no debería? ¿O cuando el miedo le impide alcanzar su sueño?

Conflictos Éticos y Morales

Aquí entramos en el terreno de las decisiones difíciles. ¿Qué ocurre cuando un personaje tiene que elegir entre lo correcto y lo necesario? Estos conflictos son perfectos para explorar la complejidad de la naturaleza humana.

Conflictos Espirituales o Ideológicos

Cuestiones de fe, creencias, y valores entran en juego aquí. Estos conflictos son profundos y a menudo requieren que el personaje emprenda un viaje tanto físico como espiritual.

Combinando Conflictos Internos y Externos

La verdadera magia ocurre cuando entrelazamos conflictos internos y externos. Un personaje luchando contra un régimen opresivo (externo) mientras batalla con su propia cobardía o traición (interno). Esta combinación crea capas de complejidad que enriquecen la trama y el desarrollo del personaje.

Consejos para Crear Conflictos Interesantes

Evita lo Predecible:

Innovando en la Tensión

Busca Giros Inesperados

  • Subvierte Expectativas: Toma un cliché y dale la vuelta. Si tienes un amorío prohibido, ¿qué pasa si uno de los amantes es en realidad un espía? Si es una historia de venganza, ¿qué sucede si el personaje decide perdonar?
  • Experimenta con Estructuras No Lineales: A veces, la forma en que presentas la historia puede hacer que un conflicto común se sienta fresco. Juega con saltos temporales, perspectivas múltiples, o narrativas fragmentadas para dar nueva vida a viejos conflictos.

Aborda Conflictos Comunes desde Ángulos Únicos

Enriquece con Contexto: Un conflicto común en un contexto único puede ser fascinante. Imagina un triángulo amoroso en una colonia espacial, o una lucha de poder en un circo itinerante del siglo XIX.

Profundiza en los Personajes:

La Clave de los Conflictos Auténticos

Conoce a tus Personajes Íntimamente

  • Desarrolla Backstories Detallados: Conoce el pasado de tus personajes, incluso si no todo se muestra en la narrativa. Sus experiencias pasadas informarán sus conflictos presentes de maneras únicas.
  • Entiende Sus Motivaciones: Cada acción de tu personaje debe ser impulsada por una motivación creíble, incluso si es compleja o contradictoria. Los conflictos más interesantes surgen cuando estas motivaciones chocan.

Refleja su Personalidad en sus Conflictos

  • Conflictos que destacan con el Personaje:

Asegúrate de que los conflictos reflejen o desafíen algún aspecto central de la personalidad del personaje. Si es un personaje muy controlador, un conflicto que lo obligue a enfrentar el caos puede ser muy revelador.

  • Mantén la Tensión:

Cocinando la Historia a Fuego Lento

No Resuelvas los Conflictos Demasiado Rápido

  • Crea Obstáculos y Complicaciones: Justo cuando parece que el conflicto se va a resolver, introduce un nuevo obstáculo o giro. Esto mantiene a los lectores en vilo y añade capas a tu historia.
  • Utiliza el Conflicto para Construir la Trama: Deja que el conflicto sea el motor que avanza la trama, en lugar de resolverlo en un capítulo y pasar al siguiente punto de la trama.

Juega con los Niveles de Tensión

  • Varía la Intensidad del Conflicto: No todos los conflictos tienen que ser explosivos. Algunos pueden ser sutiles, creciendo lentamente bajo la superficie antes de estallar.
  • Usa Conflictos para Revelar Información:

Una Herramienta Narrativa Poderosa

Revela Secretos y Antecedentes a Través del Conflicto

  • Usa el Conflicto para Descubrir el Pasado: A veces, un conflicto en el presente es la manera perfecta de revelar algo importante sobre el pasado de un personaje.
  • Conflictos que Revelan Carácter: Cómo un personaje maneja un conflicto puede decir mucho sobre quién es. ¿Se enfrentan valientemente a sus problemas, o tienden a esconderse o huir?

Utiliza Conflictos para Mostrar Aspectos Ocultos

  • Contradicciones y Complejidades: Un personaje puede parecer una cosa en la superficie, pero los conflictos pueden revelar sorpresas y matices, mostrando su verdadera naturaleza o contradicciones internas.

Los conflictos internos y externos son el corazón palpitante de cualquier narrativa. Son los que mantienen a los lectores enganchados y hacen que tus personajes cobren vida. Debes trabajar duro para lograr el equilibrio perfecto en tus historias. ¡Ahora, a escribir esos conflictos y a dar vida a esas páginas!

Espero que este artículo haya encendido una chispa creativa en ti y te haya proporcionado herramientas valiosas para enriquecer tus narrativas.

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Kit de Escritura para «Los Motivos y Objetivos del Personaje»

Objetivo del Kit:

Este ejercicio está diseñado para ayudar a profundizar en la comprensión de los motivos y objetivos de tus personajes. A través de una situación compleja, podrás explorar cómo estos elementos influyen en las decisiones y el desarrollo del personaje.

Situación Propuesta:

Imagina que tu personaje se encuentra en una encrucijada crítica de su vida. Ha descubierto un secreto que podría cambiarlo todo para alguien cercano a él. Esta revelación es potencialmente destructiva y podría alterar la relación con esa persona para siempre.

Desarrollo del Ejercicio:

  1. Descripción del Personaje:
    • Define brevemente a tu personaje, incluyendo rasgos clave, motivaciones pasadas y objetivos actuales.
  2. Exploración de Motivos:
    • Reflexiona sobre los motivos de tu personaje. ¿Qué lo impulsa a actuar? ¿Son estos motivos más personales, ideológicos, emocionales o prácticos?
  3. Definición de Objetivos:
    • Identifica el objetivo principal de tu personaje en este momento de la historia. ¿Cómo se relaciona este objetivo con el secreto descubierto?
  4. La Decisión Difícil:
    • Describe la situación en la que el personaje debe tomar una decisión. ¿Revelará el secreto? ¿Lo mantendrá oculto? ¿Cómo afectará esta decisión a su objetivo?
  5. Análisis del Conflicto Interno:
    • Analiza el conflicto interno que experimenta tu personaje al tomar esta decisión. ¿Cómo luchan sus motivos y objetivos internos durante este proceso?
  6. Consecuencias y Evolución:
    • Reflexiona sobre las posibles consecuencias de su decisión. ¿Cómo cambiarán sus motivos y objetivos a partir de esta experiencia?
  7. Redacción de la Escena:
    • Escribe una escena o un fragmento narrativo en el que tu personaje enfrenta y resuelve esta situación, mostrando la influencia de sus motivos y objetivos en su decisión.

Resultado Esperado:

Al finalizar este ejercicio, deberías tener una comprensión más profunda de cómo los motivos y objetivos de tu personaje influyen en sus decisiones y cómo estas decisiones afectan su desarrollo y arco narrativo. Este kit te ayudará a crear personajes más ricos y tridimensionales en tus futuras historias.

Espero que hayas disfrutado de este recorrido por «Los Motivos y Objetivos del Personaje» y que te haya inspirado en tu viaje de escritura creativa. Si te ha sido de utilidad, te invito a sumarte a nuestra comunidad de escritores.

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Hasta la próxima, Lola

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