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Acotaciones

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Las acotaciones. Eso que todos los escritores creemos conocer y dominar. Yo he pasado años utilizándolas mal. Digamos que las colocaba donde me parecían que debían ir y de la forma que sospechaba debían escribirse. Estaba equivocada. Las usaba casi bien. ¿Por qué? Porque leo mucho y eso me ha ayudado a utilizar herramientas y conceptos que no conocía bien. Si quieres ser escritor, no te vale con suponer que algo se usa así: tienes que saber cómo hacerlo.

Vamos a ver qué son las acotaciones en literatura y cómo sacar el máximo partido de ellas.

Las acotaciones se utilizan para añadir indicaciones y exponer la situación en una escena. En el momento en que introducimos un diálogo, la historia cobra más vida que nunca. En el teatro (por supuesto, si lees el teatro, las ves, pero, si ves la representación, no), son la única parte que no conoce el espectador, mientras que, en novela, el lector las lee y le sirven para conocer partes de la historia que no conocería de otra forma.

En español, las acotaciones se representan mediante guiones. Todo diálogo comienza con un guion. Ese guion va siempre, pegado a la primera palabra. Podríamos decir que los guiones nos marcan dónde empieza la acotación y dónde termina, si la misma corta la frase.

Si tu diálogo se corta, para añadir la acotación, no hay que puntuarlo, la puntuación va después de la acotación:

—Me tienes que dar la carta —Juliana estiró la mano hacia Luis—. No quiero perderla.

Algo a tener en cuenta, a la hora de escribir acotaciones, es, que no siempre es necesario explicar demasiado:

—Dame ya la carta —dijo Juliana.

—Aquí la tienes —le dijo Juan entregándole la carta.

En el momento en que Juan le dice: “Aquí la tienes”, ya sabemos que lo hace entregándosela. No es necesario explicar un acto que se sobreentiende por lo que se indica en el diálogo.

Ten muy en cuenta estos detalles, porque hacerlo bien, agiliza un diálogo. Hacerlo mal es crear un pesado diálogo que el lector está leyendo sin enterarse de nada.

Otro detalle a tener en cuenta para escribir los diálogos de la forma correcta, son los verbos dicendi. ¿Qué son los verbos dicendi? Los verbos que indican habla.

Esos verbos, cuando se encuentras detrás del guion que inicia la acotación, van siempre en minúscula. Mientras que, si lo que tenemos justo detrás de ese guion, es un verbo que no entra en esa categoría, debe ir con mayúsculas. Por ejemplo:

—Yo no quiero saberlo —Rompió la carta en mil pedazos—. Prefiero recordar solo lo bueno.

—Si no lo quieres saber —dijo él—, no seré yo quien te lo diga.

A la hora de añadir acotaciones, como escritores, las deberíamos escribir de forma escueta. Si puedes decir lo que quieres con tres palabras, no uses doce. Otro detalle, el guion debe ser guion largo, no vale otro. Yo tengo un truco para añadir los guiones, una vez termino el proceso de escritura, que voy a compartir contigo, porque es una lata tener que utilizar el famoso código de teclado: Alt0151, que encima, solo funciona con el teclado numérico. Yo, cada vez que tengo que empezar un diálogo, pulso dos veces la tecla guion. De esta forma no se consigue el guion largo, pero, cuando termino de escribir, solo tengo que ir a la herramienta reemplazar, que está en el mismo sitio que buscar, y copiar un guion largo, que puedes sacar de la herramienta símbolos que hay en Word.

¿Y qué pasa con esos guiones que aparecen automáticamente y no son el guion largo que tenemos que usar? Pues nada, hago lo mismo, copio uno de ellos, me voy a reemplazar y los cambio por el guion largo.

Así no tienes que tener copiado el guion y tener que introducirlo cada vez que empiezan los diálogos. Pero, si prefieres hacerlo así, también puedes copiar el guion largo y, cada vez que tengas que introducirlo, utilizar el comando: ctrl+v, cuando coges práctica, es automático y rápido.

Yo prefiero el método de los dos guiones seguidos, porque me resulta muy poco invasivo, no me descoloca, ni me obliga a prestar atención a nada más que a mi escrito. Llevo usándolo tanto tiempo que ni siquiera me doy cuenta de que lo hago.

También puedes crear tu propio comando, para que, mientras escribes, te aparezcan los guiones largos directamente. ¿Cómo se hace? Sencillo, vas a insertar símbolo y esta vez le das a autocorrección. Se abre una nueva ventana, donde puedes insertar tu comando, — en mi caso, y, cada vez que lo escribas, se cambiará a — solo. Ten cuidado al escribir tu comando, porque si forma parte de alguna palabra o expresión, corres el riesgo de que el programa lo cambie al guion largo.

Otra cuestión que debemos tener claro al escribir acotaciones, es su función como pausa en el texto. Cuando queremos introducir un pensamiento o frase que, interrumpe el texto, podemos hacer uso de las acotaciones. También sirven comillas o cursiva, puedes usar la que más te guste. Eso sí, si utilizas guiones, hazlo en todo tu escrito, no vale cambiar a cursiva en la siguiente frase.

También tienes que cuidar que la acotación que introduces sea necesaria, porque puede que no haga falta y puedas prescindir de ella. Todo lo que aparezca en tu escrito, debe ser imprescindible, porque todo lo que puede eliminarse, sobra.

Veamos cómo funcionan las acotaciones en un texto de ejemplo:


—Bueno, yo tengo que irme —dijo señalando la moto que estaba justo al lado del semáforo—. Debería darse prisa en llegar a casa, porque huele a lluvia.

Lo que faltaba. Todavía me quedaba un largo trecho y ya no había posibilidades de coger ningún autobús, no por ese camino. Podría llamar a un taxi, pero no me gustaba cogerlos sola, menudo desperdicio.

—Buff —dije.

—¿Quiere que la acerque a algún lado? —El motorista parecía un buen tipo, pero, siendo policía, sabía que no estaba el mundo para fiarse de desconocidos.

©Lola Alarcia. Fragmento de la novela en la que estoy trabajando ahora.


Si nuestra acotación es muy larga, es mejor dejarla en la siguiente frase. De esta forma, el texto tiene aire y el lector lo agradecerá. En mi texto, la narradora es también la protagonista.

Como ves, escribir es mucho más complicado de lo que los meros mortales piensan. No se trata solo de sentarse frente al teclado y expulsar todo lo que llevamos dentro. Sí es cierto, en ocasiones con eso basta, pero, eso es anecdótico, los escritores necesitan trabajar en sus textos con cuidado y mimo.

No te preocupes si te cuesta ordenar bien tus diálogos al principio. Lo mejor que puedes hacer, es escribir sin pensar demasiado en ello, pero, cuando termines, retoma tu texto y corrige con detenimiento todo lo que necesita un cambio. Lee tus diálogos en alto y verás qué fácil descubres si tus acotaciones son demasiado largas, imprescindibles o si sobran. Acostúmbrate a leer en alto, verás todo lo que no funciona.

Y eso es todo sobre las acotaciones. ¿Te ha parecido interesante? ¿Tienes alguna duda? No te preocupes, comenta aquí abajo lo que te inquieta o cualquier duda que tengas.

Muchas gracias por leer Infinitos monos y te espero en un nuevo artículo.

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